domingo, 23 de junio de 2019

El lago de Zumpango

Ángeles González Gamio




A
la llegada de los españoles en la cuenca de México había cinco lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan, que se alimentaban de otros menores situados a mayor altura y de varios ríos. A su vera se establecieron alrededor de 40 ciudades, la última fue México-Tenochtitlan, que se fundó en unos islotes en medio de los lagos. Esta vasta red de agua permitió el desarrollo de vías fluviales que comunicaban las distintas regiones, propiciando una rica vida comercial.
Ha sido común referirnos al territorio que hoy constituye la Ciudad de México y la zona conurbada como el Valle de México. En realidad es una cuenca que aloja cuatro valles: México, Cuautitlán, Apan y Pachuca. Algunos de ellos están separados por montañas y sierras.
Este sistema montañoso, según los especialistas, comenzó a formarse en el Eoceno, cuando el territorio que ahora llamamos México emergió del mar y se inició un vigoroso proceso volcánico y tectónico. Este habría de conformar, al paso de los siglos, esa prodigiosa cuenca que se alimentaba por el agua de 45 ríos, 14 de ellos perennes que bajaban de las sierras que la rodeaban, de manantiales y de la abundante agua que cae del cielo.
Al poco tiempo de que los conquistadores levantaron su ciudad sobre los vestigios de Tenochtitlan, ignorantes de las habilidades necesarias para convivir en un medio lacustre, padecieron inundaciones que los llevaron desde el siglo XVI a tratar de sacar el agua de los lagos.
El devastador proceso continuó en el México independiente. En la actualidad, el único remanente de los cinco grandes lagos es el de Zumpango. El de Texcoco se desecó por completo.
En los años 60 del pasado siglo el ingeniero Nabor Carrillo realizó un proyecto para recuperar el antiguo lago. Se inició con un plan piloto que abarca mil 680 hectáreas, que constituyen 16 por ciento de las 10 mil que abarca en su totalidad la zona federal del vaso de Texcoco. El lago artificial resultó muy benéfico para el medio ambiente de la Ciudad de México, ya que, entre otras consecuencias, terminó con las tolvaneras que azotaban cada año a la urbe. 
Por esa razón, el proyecto del nuevo aeropuerto que se canceló (NAIM) preveía la preservación del lago Nabor Carrillo, así como la creación de varios humedales para ampliar la zona de mitigación.
El aeropuerto que se proyecta en Santa Lucía queda muy cerca del lago de Zumpango, que como mencionamos líneas arriba es prácticamente el único que sobrevive de los originales (hay pequeños lagos en Tláhuac y Xochimilco). Ambientalmente hablando en la actualidad es el cuerpo de agua más importante del Valle de México. Parte de la que se almacena en la laguna de Zumpango es usada para riego agrícola.
De acuerdo con Patricia Ramírez Bastida, bióloga especialista de la UNAM, la cercanía con Santa Lucía pone en riesgo 114 especies endémicas y migratorias, entre ellas patos, gallaretas, garzas, pelícanos y gaviotas.
La investigadora con su equipo ha registrado más de 260 mil ejemplares que vuelan en la zona. Esto indudablemente pondría en peligro las operaciones aéreas. En el lago artificial Nabor Carrillo de Texcoco, lo máximo que llegan a sobrevolar los alrededores son menos de 150 mil aves.
Explica que la dinámica de aves es muy diferente en ambos sitios; pone como ejemplo los iris: aves que salen al amanecer a los campos de cultivo de las cercanías y en la tarde regresan por miles a descansar. En Texcoco se han avistado 50 mil iris, mientras en Zumpango hay parvadas de entre 300 mil y 400 mil ejemplares.
Confiamos que esta situación la estén tomando en consideración quienes llevan a cabo los estudios para el nuevo aeropuerto en Santa Lucía.
Vale la pena darse una vuelta al lago de Zumpango; el fin de semana, en sus márgenes, se establecen comerciantes de comida típica y artesanías. Le pueden preparar un sabroso pescado recién sacado del agua. Hay un paseo en lancha a visitar el islote de San Pedro. Entre semana lo disfruta en solitario; una agradable experiencia que lo traslada al México prehispánico.

Más información en: https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1363

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martes, 28 de mayo de 2019

El bello edificio de los Condes de Calimaya, hoy Museo de la CDMX

Tesoro recóndito
E
n varias ocasiones hemos hablado del Museo de la Ciudad de México que ocupa el antiguo Palacio de los Condes de Calimaya, está en el vértice de las avenidas Pino Suárez y República de El Salvador. Esquina imponente que se distingue por tener empotrada una enorme cabeza de serpiente, que de acuerdo con el arqueólogo Eduardo Matos debe haber estado en el Templo Mayor.
Muchas veces hemos hablado de la extraordinaria arquitectura de la mansión, que diseñó en el siglo XVIII –época del apogeo del barroco– el insigne arquitecto Francisco Guerrero Torres, con los materiales característicos de ese periodo: el tezontle color vino y la elegante chiluca.
Hemos descrito con mucho detalle los patios interiores: el principal con la majestuosa escalera y la primorosa fuente que preside una bella sirena de cola bífida, símbolo del pueblo de Metepec, una de las propiedades de la opulenta familia. De la capilla, del soberbio portón manufacturado en Manila que llegó a la Nueva España en la Nao de China, obra maestra de la ebanistería barroca. Asimismo, del estudio de Clausell, el pintor impresionista que dejó pintados los muros con decenas de pequeñas imágenes.
Pero estábamos en deuda con un sitio, medio recóndito, ya que se encuentra al fondo del que fue el patio de servicio y que resguarda un tesoro: la Biblioteca Jaime Torres Bodet.
Escritor, poeta, diplomático, funcionario público, de muy joven formó parte del grupo que se integró en torno a la revista Contemporáneos, que surgió a fines de los años 20 del siglo pasado. En sus escasos cuatro años de vida la publicación tuvo gran trascendencia en el devenir literario y cultural del país por su peculiar síntesis de tradición y vanguardia.
De escasos 20 años, Torres Bodet fue director de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública, misma de la que posteriormente sería titular en dos ocasiones: una en los años 40 y la otra en los 60.
Durante este último periodo tuvo gran influencia en la decisión del presidente Adolfo López Mateos de construir varios de los museos más importantes de nuestro país: en Chapultepec, el Nacional de Antropología, el de Arte Moderno, el del Caracol y el de Historia Natural; en Tepotzotlán, el del Virreinato, y el de las Culturas en el Centro Histórico, entre otros.
Fue representante de México ante la Unesco, organismo al que renunció cuando éste aceptó como integrante al gobierno del dictador español Francisco Franco. De esto nos enteramos en el libro de José María Muría que acaba de publicar la editorial Miguel Ángel Porrúa: Si no fuera por México, obra extraordinaria que nos cuenta lo que hicieron muchos mexicanos encabezados por el presidente Lázaro Cárdenas para salvar la vida y ofrecer un futuro a alrededor de 80 mil refugiados españoles. Asimismo, a miles más de otras nacionalidades que salvó Gilberto Bosques durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra.
Continuando con la biblioteca, se dice que es el mayor acervo bibliográfico acerca de la Ciudad de México. Tiene como objetivo preservar, organizar y difundir el patrimonio documental sobre la capital y cuenta con un acervo de alrededor de 10 mil volúmenes.
Custodia una hemeroteca del siglo XIX, un fondo reservado que concentra la historia legislativa de la ciudad, desde las Leyes de Indias de 1774, hasta las Memorias del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
Tiene una sala de consulta especializada en la Ciudad de México: historia, transformaciones y semblanza de sus habitantes, así como una sección de publicaciones periódicas y colecciones de literatura y artes plásticas.
Siempre que venimos al Museo de la Ciudad de México aprovechamos para comer en el restaurante La Rinconada, justo enfrente, en la Plaza de Jesús 13.
La bella casona, que se dice data del siglo XVI, ofrece sabrosa comida mexicana y la vista desde sus balcones de la plaza y el museo. No puedo dejar de recomendar las pacholas, esos bisteces hechos en metate que son una delicia y ya casi nadie prepara.

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lunes, 27 de mayo de 2019

3ª Edición (2019) del gustado Concurso de Cocina Tradicional


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Ha llegado el momento de la VI JORNADA DE IXTACALCO


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La Colección: “Memorias del Barrio de Tultenco” está planeada para la publicación de fascículos temáticos en los que se abordarán:
• Los personajes ilustres que dan nombre a las calles del Barrio de Tultenco;
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Colección Memorias: Fascículo 2

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