domingo, 6 de julio de 2025

Los Bandidos de Rio Frío de Manuel Payno

Una joya del costumbrismo mexicano

Los bandidos de Río Frío, escrita por Manuel Payno y publicada por entregas entre 1889 y 1891, es una de las novelas más importantes de la literatura mexicana del siglo XIX. Ambientada en el México del periodo independiente, combina aventuras, romance, crítica social y retratos costumbristas para ofrecer una visión amplia de la sociedad de su tiempo. La historia sigue las peripecias de una variada galería de personajes: nobles venidos a menos, campesinos, bandidos, clérigos y funcionarios corruptos. Entre ellos destacan Juan Robreño y el temible Relumbrón, líderes de la banda de forajidos que aterroriza caminos y pueblos. Sus aventuras delictivas contrastan con las vidas de personajes honorables y trabajadores, mostrando el choque entre el orden y el caos. Más que un simple relato de bandidos, la novela de Payno es una crítica a la desigualdad social, la injusticia y la corrupción gubernamental. A través de episodios llenos de acción y humor, revela tanto la miseria como la grandeza del pueblo mexicano. Considerada un fresco social y moral de la época, Los bandidos de Río Frío se mantiene como un clásico del folletín mexicano, capaz de entretener y al mismo tiempo invitar a la reflexión sobre la identidad nacional y la moral colectiva. (Sinópsis de Librerías Gandhi)

 Los bandidos de Río Frío, escrita por Manuel Payno, es considerada una de las obras más ambiciosas y representativas de la literatura mexicana del siglo XIX. Aquí tienes una reseña que captura su esencia:

  • Estilo narrativo: La novela combina elementos de folletín, sátira, realismo y costumbrismo. Su estructura episódica y su lenguaje rico permiten una exploración profunda de la sociedad mexicana de la época.

  • Trama envolvente: A través de más de 100 capítulos, Payno entrelaza historias de amor, crimen, injusticia y redención. El personaje de Juan Robreño, convertido en bandido, es el eje de una narrativa que refleja los conflictos sociales y morales del México post-independencia.

  • Personajes memorables: Con más de 200 personajes, desde aristócratas hasta brujas, la novela retrata una sociedad diversa y compleja. Los secundarios no son meros adornos: sus acciones influyen directamente en el destino de los protagonistas.

  • Mensaje profundo: Más allá de la aventura, la obra ofrece una crítica social y una reflexión sobre la ética, la corrupción y la desigualdad.

  • Comparaciones literarias: Algunos críticos la equiparan con Los miserables de Victor Hugo o Oliver Twist de Dickens, por su alcance narrativo y su retrato de las clases sociales. 

    

Imagen generada por COPILOT. 

Esta reseña fue generada por COPILOT. Los datos fueros obtenidos de dos fuentes: Wikipedia y barriozona.com


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jueves, 22 de junio de 2023

LA(S) LEYENDA(S) DE LA "LA MANITA"


Impresión de pantalla: Google Maps


Caminar por el Centro Histórico es siempre una aventura para recordar la historia y las leyendas que se fueron fraguando a través del tiempo en la capital de nuestro país. Visitar el Primer Cuadro de la ciudad es como subirse a una máquina del tiempo y poder recorrer días, decenas, centenas y hasta miles de años hacia el pasado. En esta ocasión los invito a conocer un lugar muy singular. 

Lo primero que vamos a hacer es ubicarnos en el costado sur de la Suprema Corte de Justicia (calle de José Ma. Pino Suárez y Venustiano Carranza), para de ahí caminar hacia el oriente, por la calle de Venustiano Carranza. Al llegar a la Plaza Alonso García Bravo (nombrada así en memoria del alarife que realizó el trazo primitivo de la Ciudad de México), veremos frente a nosotros el edificio en el que se encuentra, bajo la hornacina, la escultura de una mano clavada que, debido al nombre de una antigua fábrica de chocolates, fue bautizada como "La Manita". 


Impresión de pantalla: "La Manita" (acercamiento)
Impresión de pantalla: "La Manita" (acercamiento).

Y esta misteriosa y extraña escultura puede explicarse a través de dos leyendas. Veamos cada una.

Primera. Durante muchos años, La Casa de la Manita estuvo habitada por una pareja de comerciantes. Se cuenta que la esposa tenía un amante y que, para complacerlo, sustraía parte del dinero del negocio de su esposo. Finalmente se enteró del engaño de su mujer y que, para darle un escarmiento, le corto una mano. Posteriormente, la hizo esculpir en piedra en la fachada, para que la mujer nunca olvidara su traición 


Segunda. La versión más difundida dice que un grupo de ladrones se aventuró a  robar las joyas sagradas del convento de los frailes Mercedarios, el cual estaba justo enfrente del edificio en cuestión. Según se dice, uno de ellos comenzó a derrochar el dinero que ganó llamando la atención de las autoridades. Después de un tiempo, lo atraparon y lo enjuiciaron. Antes de ejecutarlo, le cortaron la mano y la clavaron en un muro aledaño al templo. Debido a la exposición prolongada la carne se secó y se descompuso, por lo que la sustituyeron por una mano de bronce. Sin embargo, esta fue robada, así que el dueño de La Casa de la Manita de La Merced tuvo que inmortalizar el hecho en la fachada de su inmueble. 


Existen otras versiones de esta escultura extraña. Lo cierto es que sean o no verdaderas estas leyendas "La Manita" sigue siendo uno de los atractivos de esta importante calle y de la Plaza de Alonso García Bravo. Transeúntes: Cuando pasen por aquí no se les olvide levantar la vista hacia la escultura.

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viernes, 16 de junio de 2023

🔥Rumba Caliente en el 35 aniversario del Mercado Paulino Navarro🌞


Este video conmemora el 35 Aniversario del Mercado Paulino Navarro en la colonia del mismo nombre. Se encuentra en la esquina de la Calzada de la Viga y Xavier Villaurrutia, en el Barrio de Tultenco.

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sábado, 11 de marzo de 2023

Librería Antigua Madero: Un legado vivo / Carlos Martínez García


 Fotografía de Juan Carlos Rangel (9/04/2012)

Convirtió el espacio en uno de intercambio de conocimiento y amor por los libros antiguos. Así lo comunicó el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura al informar acerca del fallecimiento, el 8 de marzo de 2021, de Enrique Fuentes Castilla, propietario y director de la Librería Antigua Madero. 


El de don Enrique fue un bello proyecto de vida con profundas repercusiones culturales. Desde que adquirió la librería, en 1989, paulatinamente la transformó en lugar para adquirir obras antiguas, sobre todo de historia mexicana. Al fallecer, el rico y especializado catálogo de la Librería Antigua Madero podría haber sido adquirido por alguna biblioteca estadunidense, tal vez la Nettie Lee Benson (Universidad de Texas en Austin), y así perder el país joyas bibliográficas, como tantas otras que por distintas vías han ido a engrosar el acervo de poderosas universidades extranjeras. En el caso de la Madero no fue así, por lo que debemos congratularnos.


En una pequeña nota de Fabiola Palapa Quijas, La Jornada dio una gran noticia: Tras la firma de un convenio con la familia de Enrique Fuentes Castilla (1939-2021), quien fue director de la mítica Librería Antigua Madero, la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) recibirá el acervo de ese faro de conocimiento y saber, así como sus muebles, para crear el Fondo Librería Madero-Don Enrique Fuentes. Los libros y mobiliario tendrán un lugar especial en la biblioteca de la UCSJ, la cual será remodelada para dar cabida al fondo que dejó don Enrique.


La Antigua Madero estuvo bajo la dirección de Fuentes Castilla por 32 años. Él agregó al nombre lo de antigua, porque al trasladarla del sitio donde fue abierta en 1939 quiso que hubiese continuidad con la librería original. La Librería Madero abrió sus puertas en el número 12 de la transitada calle de la que tomó el nombre, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el año en que nació don Enrique. Los primeros propietarios fueron Tomás Expresate, Enrique Naval y Ana María Cama, la hija de don Tomás, Neus, junto con Vicente Rojo y José Azorín fundaron Ediciones ERA en 1960, cuyo nombre se formó con la primera letra del apellido de los tres mencionados. 


La Librería Madero debió ser trasladada por el alto costo de sostenerla en la bulliciosa calle, la más transitada peatonalmente de América Latina, y su nuevo lugar, la Casa de la Acequia, situada en la esquina de Isabel la Católica y San Jerónimo, enfrente de la plaza de Regina, lo describió Ángeles González Gamio: “La hermosa casona del siglo XVII tiene rica historia que inició desde la época prehispánica, en que eran un par de torreones de vigilancia de una de las principales acequias de Tenochtitlan […] Para mediados del siglo XX la casona se había convertido en una vecindad de rentas congeladas. Fue en los años 80 del siglo pasado cuando la adquirió un devoto del Centro Histórico, quien la restauró magníficamente y la dio en comodato al Ateneo Español […] Ahora una parte la ocupa la que actualmente lleva el nombre de Antigua Madero Librería. Al cruzar el umbral se traslada uno al siglo XVIII con sus techos altos, envigados y bellos libreros de caoba y cedro blanco de Chiapas” (https://www.jornada.com.mx/2012/11/11/opinion/030a1cap).


En 2012 Caja de Cerillos Ediciones, proyecto encabezado por Andrea Fuentes Silva (hija de don Enrique), publicó un hermoso libro, Antigua Madero Librería: El arte de un oficio, en el que colaboraron varios escritores con palabras de reconocimiento y encomio a la denodada labor de Fuentes Castilla. Él era, rememora Adolfo Castañón, un buen librero, y como tal, “capaz de poner en acción sus redes de pescador avezado para atraer la presa codiciada por el comprador leyente. El librero es como un pescador que vive y sueña de cara al mar de los libros: muy temprano ha de levantarse y madrugar como un campesino para llegar a buena hora a esos mercados de cosas usadas que se instalan en algunos puntos de la ciudad o para alcanzar los basureros a donde van a dar libros y papeles […] Su saber y su eficacia, su buen humor e ingenio le han espolvoreado un poco de felicidad y ajonjolí al cotidiano plato de nuestras anónimas lentejas, es decir al libro nuestro de cada día”.


La librería que amorosamente cultivó don Enrique no se irá del todo. Es verdad que debió cerrar puertas, y con ello hacer más difícil la obtención de quienes buscan libros antiguos sobre temas mexicanos. Pero algo queda, el remanente bibliográfico heredado por él venturosamente ya es reguardado, y esperamos que pronto exhibido, en la Universidad del Claustro de Sor Juana, muy cerca de donde estuvo la Antigua Madero. Así no se perderá, como sí aconteció con otras dos librerías icónicas, la Zaplana, en San Juan de Letrán 41, y la de Cristal (también conocida como la Pérgola, a un costado del Palacio de Bellas Artes). El de don Enrique es, felizmente, un legado vivo y palpitante, muchas gracias.


* * *


La foto de Don Enrique fue tomada el 9 de abril de 2012, día en que abrió sus puertas la Librería Antigua Madero en el nuevo local de Isabel La Católica y San Jerónimo. El propio Enrique Fuentes nos comentó que desde que la calle Madero se había convertido en peatonal, le habían aumentado la renta en 125 mil pesos mensuales, algo imposible de pagar para un negocio de libros. En el artículo no se menciona quién fue el "devoto del Centro Histórico" que adquirió el inmueble, pero es muy posible que haya sido el magnate Carlos Slim. 


En este artículo y en el de Ángeles González Gamio titulado "Antigua Madero Librería", también publicado en este blog, escriben erróneamente el apellido del fundador de la Librería Madero, Don Tomás Espresate, y el de su hija, Neus Espresate, quien junto a Vicente Rojo y José Hernández Azorín fundaría Ediciones ERA (formada por las iniciales de los apellidos de Espresate, Rojo y Azorín). Para mayor información dejo este enlace: 


https://negritasycursivas.wordpress.com/tag/tomas-espresate/

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viernes, 10 de marzo de 2023

Antigua Madero Librería / Ángeles González Gamio

 


Ya hemos hablado de la distinción de la calle de Madero que data del siglo XVI, en que se establecieron en ella los mejores orfebres de la plata, lo que la bautizó como Plateros. Éste fue el sitio seleccionado por Tomás Expresate para fundar en 1939 la Librería Madero. Al proyecto se unieron Enrique Naval y Ana María Cama. Con altas y bajas y una restructuración en 1951, la librería sobrevivió hasta el año de 1989 en que la adquirió un entusiasta joven norteño, Enrique Fuentes Castilla, cuya única relación con los libros era el amor a la lectura desde la infancia. Su sensibilidad y talento lo llevaron a fincar relaciones con gente del medio de los libros hasta tener en familia, escritora, editora e investigadora.


En estos 23 años ha logrado consolidar a la Librería Madero como la más prestigiada en lo relacionado a libros antiguos, fuera de circulación, obras especializadas, sin dejar de ofrecer novedades. Los temas en que se cifra el acervo son arte, arqueología, antropología, historia, algo de música, y gastronomía, básicamente sobre México.


Gran conversador, Enrique Fuentes ha logrado en este cuarto de siglo traer a la vida una reminiscencia de las tertulias que solía haber en las viejas librerías, en que por las tardes acudían bibliófilos, escritores, poetas, historiadores y amantes de la letra escrita, simplemente a platicar de libros.


El bullicio actual de Madero que desde que se hizo peatonal es paseo turístico de miles de personas y el incremento en la renta, llevaron al dueño a buscar otro espacio en las cercanías. El sitio no podía ser mejor: la Casa de la Acequia, situada en la esquina de Isabel la Católica y San Jerónimo, enfrente de la plaza de Regina.


La hermosa casona del siglo XVII tiene rica historia que inició desde la época prehispánica, en que eran un par de torreones de vigilancia de una de las principales acequias de Tenochtitlan. Los vestigios de la misma permanecen cuidadosamente cubiertos debajo del piso del comedor. Tras la conquista estos torreones fueron la base de una sencilla construcción, que fue creciendo al paso de los siglos. Se le edificó un segundo piso para su uso como residencia y en el siglo XVIII se le hizo otra ampliación para que fuera la sede de un beaterio. Para mediados del siglo XX la casona se había convertido en una vecindad de rentas congeladas. Fue en los años 80 del siglo pasado cuando la adquirió un devoto del Centro Histórico, quien la restauró magníficamente y la dio en comodato al Ateneo Español. La noble institución que crearon los republicanos españoles que buscaron asilo en México la ocupó por más de 20 años. Hace alrededor de tres años se trasladaron a una nueva sede ya de su propiedad.


Ahora una parte la ocupa la que actualmente lleva el nombre de Antigua Madero Librería. Al cruzar el umbral se traslada uno al siglo XVIII con sus techos altos, envigados y bellos libreros de caoba y cedro blanco de Chiapas. Varios pertenecieron a la botica que fundaron en 1903 los hermanos Sanborns y otros eran del Ateneo Español y habían pertenecido a la Editorial Zéneca, creada por varios republicanos del exilio. En este cálido espacio Enrique Fuentes auxiliado por Raúl, Juan y Luciano, le acogen en ese mundo prodigioso que brindan los libros de calidad.


A raíz del cambio de sede, Ediciones La Caja de Cerillos ha publicado una joya editorial, con ensayos de personajes del mundo de las letras, del propio Fuentes, testimonios y fotografías. Es la biografía del espacio de conocimiento, belleza y sabiduría que constituye la Antigua Madero Librería, un auténtico oasis capitalino.


A la vuelta, en San Jerónimo 24, está el Zéfiro, restaurante-escuela de la Universidad del Claustro de Sor Juana. El bello espacio neoclásico fue la celda conventual de la marquesa de Selva Nevada y es obra de Manuel Tolsá.


Los martes aparece en la carta un platillo regional muy especial, que dura un mes y diario le ofrecen un sabroso menú de cuatro tiempos.

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lunes, 4 de julio de 2022

La Ciudad de México en el Tiempo: Tlalpan/San Antonio Abad

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miércoles, 6 de octubre de 2021

La Victoria y La Derrota

Estas palabras opuestas o antónimos, dan lugar a una nueva entrada en este blog. Y más allá de cuestiones lingüísticas, La Victoria hace referencia a la fábrica de hilados y tejidos de lana que estuvo en la esquina de las calles de La Viga y Taller, donde hoy día está la Bodega Aurrerá. Y La Derrota, por su parte, fue una cantina que se ubicó en contra esquina de la primera. Veamos el siguiente mapa para ubicarnos: 



Ubicación de la fábrica La Victoria (al centro) en 1901. San Antonio Abad al noroeste. Memoria de Hacienda y Crédito Público correspondiente al año económico de primero de julio de 1900 a 30 de junio de 1901, presentada por el Secretario de Hacienda al Congreso de la Unión, México, Tipografía de la Oficina Impresora de Estampillas, Palacio Nacional, 1902, pp. 306-309.


No podemos seguir adelante sin antes dar el crédito correspondiente a José Gustavo Becerril Montero, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, autor del texto La Fábrica de hilados y tejidos de lana La Victoriapublicado en el Boletín de Monumentos Históricos, tercera época, núm. 25, mayo-agosto de 2012. La mayoría de las referencias, imágenes y mapas provienen de esta publicación.

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viernes, 23 de octubre de 2020

Doña Isabel de Moctezuma: "Madre real del mestizaje"


La princesa Ichcaxóchitl Tecuichpo era la hija mayor y predilecta del noveno emperador mexica, Moctezuma Xocoyotzin, quien gobernó de 1502 1520, y de Tayhualcan, o Tecalco, hija de Totoquíhuatl, rey de Tlacopan (Tacuba). Su nombre nahua Tecuichpotzin viene de teuctli (señor, gobernante) e ichpochtli (doncella, virgen). A veces se le agrega el sufijo reverencial -tzin, Tecuichpo significa, pues, hija del señor, princesa, lo cual parece más un título que un nombre. Su nombre Ichcaxóchitl viene de ichcatl (algodón) y xochitl (flor: flor de algodón). El significado no cambia mucho escribiendo Iztaxóchitl; izlac es blanco, lo cual se traduce como flor blanca. También se le conoce como Miahuaxóchitl: flor de caña de maíz.





El párrafo introductorio es de Rodrígo Martínez y está publicado en la Revista de la Universidad de México

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martes, 17 de marzo de 2020

Héctor Mancilla López 

(24 de octubre de 1953-16 de marzo de 2020


In memoriam


El Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco queremos comunicar, con profundo pesar, a los vecinos de la Colonia Vista Alegre, de los barrios circundantes como Paulino Navarro, Asturias, Tránsito, Obrera y otros, que nuestro amigo y compañero, Héctor Mancilla López, falleció el día de ayer. 


Nos sentimos muy tristes por su partida. 


Todo tiene su origen 


Corría el mes de junio de 2007, cuando a propuesta de Armando Porraz, quien estaba a cargo de las exposiciones de arte en la Casa de Cultura Alfonso Reyes de la Colonia Vista Alegre, nos hiciera la invitación a un grupo de vecinos del barrio, para la conformación de una organización vecinal que pudiera "recuperar la memoria histórica del Barrio de San Francisco Tultenco y su zona de influencia”. 

Allí nació el Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco.

Los interesados fuimos los siguientes: Héctor Mancilla López y su esposa Rebeca Díaz Ziehl, Jorge Alvarado Granados y Juan Carlos Rangel Cárdenas. Este fue el núcleo del grupo, a los que habrían de sumarse parientes y vecinos del barrio.


Empezamos por reunirnos los días sábado a las 10 de la mañana en la Casa de Cultura. 





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domingo, 23 de junio de 2019

El lago de Zumpango

Ángeles González Gamio




A
la llegada de los españoles en la cuenca de México había cinco lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan, que se alimentaban de otros menores situados a mayor altura y de varios ríos. A su vera se establecieron alrededor de 40 ciudades, la última fue México-Tenochtitlan, que se fundó en unos islotes en medio de los lagos. Esta vasta red de agua permitió el desarrollo de vías fluviales que comunicaban las distintas regiones, propiciando una rica vida comercial.
Ha sido común referirnos al territorio que hoy constituye la Ciudad de México y la zona conurbada como el Valle de México. En realidad es una cuenca que aloja cuatro valles: México, Cuautitlán, Apan y Pachuca. Algunos de ellos están separados por montañas y sierras.
Este sistema montañoso, según los especialistas, comenzó a formarse en el Eoceno, cuando el territorio que ahora llamamos México emergió del mar y se inició un vigoroso proceso volcánico y tectónico. Este habría de conformar, al paso de los siglos, esa prodigiosa cuenca que se alimentaba por el agua de 45 ríos, 14 de ellos perennes que bajaban de las sierras que la rodeaban, de manantiales y de la abundante agua que cae del cielo.
Al poco tiempo de que los conquistadores levantaron su ciudad sobre los vestigios de Tenochtitlan, ignorantes de las habilidades necesarias para convivir en un medio lacustre, padecieron inundaciones que los llevaron desde el siglo XVI a tratar de sacar el agua de los lagos.
El devastador proceso continuó en el México independiente. En la actualidad, el único remanente de los cinco grandes lagos es el de Zumpango. El de Texcoco se desecó por completo.
En los años 60 del pasado siglo el ingeniero Nabor Carrillo realizó un proyecto para recuperar el antiguo lago. Se inició con un plan piloto que abarca mil 680 hectáreas, que constituyen 16 por ciento de las 10 mil que abarca en su totalidad la zona federal del vaso de Texcoco. El lago artificial resultó muy benéfico para el medio ambiente de la Ciudad de México, ya que, entre otras consecuencias, terminó con las tolvaneras que azotaban cada año a la urbe. 
Por esa razón, el proyecto del nuevo aeropuerto que se canceló (NAIM) preveía la preservación del lago Nabor Carrillo, así como la creación de varios humedales para ampliar la zona de mitigación.
El aeropuerto que se proyecta en Santa Lucía queda muy cerca del lago de Zumpango, que como mencionamos líneas arriba es prácticamente el único que sobrevive de los originales (hay pequeños lagos en Tláhuac y Xochimilco). Ambientalmente hablando en la actualidad es el cuerpo de agua más importante del Valle de México. Parte de la que se almacena en la laguna de Zumpango es usada para riego agrícola.
De acuerdo con Patricia Ramírez Bastida, bióloga especialista de la UNAM, la cercanía con Santa Lucía pone en riesgo 114 especies endémicas y migratorias, entre ellas patos, gallaretas, garzas, pelícanos y gaviotas.
La investigadora con su equipo ha registrado más de 260 mil ejemplares que vuelan en la zona. Esto indudablemente pondría en peligro las operaciones aéreas. En el lago artificial Nabor Carrillo de Texcoco, lo máximo que llegan a sobrevolar los alrededores son menos de 150 mil aves.
Explica que la dinámica de aves es muy diferente en ambos sitios; pone como ejemplo los iris: aves que salen al amanecer a los campos de cultivo de las cercanías y en la tarde regresan por miles a descansar. En Texcoco se han avistado 50 mil iris, mientras en Zumpango hay parvadas de entre 300 mil y 400 mil ejemplares.
Confiamos que esta situación la estén tomando en consideración quienes llevan a cabo los estudios para el nuevo aeropuerto en Santa Lucía.
Vale la pena darse una vuelta al lago de Zumpango; el fin de semana, en sus márgenes, se establecen comerciantes de comida típica y artesanías. Le pueden preparar un sabroso pescado recién sacado del agua. Hay un paseo en lancha a visitar el islote de San Pedro. Entre semana lo disfruta en solitario; una agradable experiencia que lo traslada al México prehispánico.

Más información en: https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1363

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martes, 28 de mayo de 2019

El bello edificio de los Condes de Calimaya, hoy Museo de la CDMX

Tesoro recóndito
E
n varias ocasiones hemos hablado del Museo de la Ciudad de México que ocupa el antiguo Palacio de los Condes de Calimaya, está en el vértice de las avenidas Pino Suárez y República de El Salvador. Esquina imponente que se distingue por tener empotrada una enorme cabeza de serpiente, que de acuerdo con el arqueólogo Eduardo Matos debe haber estado en el Templo Mayor.
Muchas veces hemos hablado de la extraordinaria arquitectura de la mansión, que diseñó en el siglo XVIII –época del apogeo del barroco– el insigne arquitecto Francisco Guerrero Torres, con los materiales característicos de ese periodo: el tezontle color vino y la elegante chiluca.
Hemos descrito con mucho detalle los patios interiores: el principal con la majestuosa escalera y la primorosa fuente que preside una bella sirena de cola bífida, símbolo del pueblo de Metepec, una de las propiedades de la opulenta familia. De la capilla, del soberbio portón manufacturado en Manila que llegó a la Nueva España en la Nao de China, obra maestra de la ebanistería barroca. Asimismo, del estudio de Clausell, el pintor impresionista que dejó pintados los muros con decenas de pequeñas imágenes.
Pero estábamos en deuda con un sitio, medio recóndito, ya que se encuentra al fondo del que fue el patio de servicio y que resguarda un tesoro: la Biblioteca Jaime Torres Bodet.
Escritor, poeta, diplomático, funcionario público, de muy joven formó parte del grupo que se integró en torno a la revista Contemporáneos, que surgió a fines de los años 20 del siglo pasado. En sus escasos cuatro años de vida la publicación tuvo gran trascendencia en el devenir literario y cultural del país por su peculiar síntesis de tradición y vanguardia.
De escasos 20 años, Torres Bodet fue director de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública, misma de la que posteriormente sería titular en dos ocasiones: una en los años 40 y la otra en los 60.
Durante este último periodo tuvo gran influencia en la decisión del presidente Adolfo López Mateos de construir varios de los museos más 

CVH9+M4 Ciudad de México, Cd. de México
importantes de nuestro país: en Chapultepec, el Nacional de Antropología, el de Arte Moderno, el del Caracol y el de Historia Natural; en Tepotzotlán, el del Virreinato, y el de las Culturas en el Centro Histórico, entre otros.
Fue representante de México ante la Unesco, organismo al que renunció cuando éste aceptó como integrante al gobierno del dictador español Francisco Franco. De esto nos enteramos en el libro de José María Muría que acaba de publicar la editorial Miguel Ángel Porrúa: Si no fuera por México, obra extraordinaria que nos cuenta lo que hicieron muchos mexicanos encabezados por el presidente Lázaro Cárdenas para salvar la vida y ofrecer un futuro a alrededor de 80 mil refugiados españoles. Asimismo, a miles más de otras nacionalidades que salvó Gilberto Bosques durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra.
Continuando con la biblioteca, se dice que es el mayor acervo bibliográfico acerca de la Ciudad de México. Tiene como objetivo preservar, organizar y difundir el patrimonio documental sobre la capital y cuenta con un acervo de alrededor de 10 mil volúmenes.
Custodia una hemeroteca del siglo XIX, un fondo reservado que concentra la historia legislativa de la ciudad, desde las Leyes de Indias de 1774, hasta las Memorias del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
Tiene una sala de consulta especializada en la Ciudad de México: historia, transformaciones y semblanza de sus habitantes, así como una sección de publicaciones periódicas y colecciones de literatura y artes plásticas.
Siempre que venimos al Museo de la Ciudad de México aprovechamos para comer en el restaurante La Rinconada, justo enfrente, en la Plaza de Jesús 13.
La bella casona, que se dice data del siglo XVI, ofrece sabrosa comida mexicana y la vista desde sus balcones de la plaza y el museo. No puedo dejar de recomendar las pacholas, esos bisteces hechos en metate que son una delicia y ya casi nadie prepara.


Copia este código y pégalo en Google Maps.

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lunes, 27 de mayo de 2019

3ª Edición (2019) del gustado Concurso de Cocina Tradicional


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Ha llegado el momento de la VI JORNADA DE IXTACALCO


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jueves, 27 de diciembre de 2018

El Mercado de la Merced: un acercamiento desde la antropología económica

Revista núm. 23 - Enero/Junio 2018

The Merced marketplace: an approach from economic anthropology 

Lizbeth Alejandra Posada Cano 




Resumen
El trabajo dentro del campo antropológico es sin duda vasto. Las diferentes formas de exploración y caminos a los que se nos da acceso nos conducen muchas veces a caminos insospechados como aquellos trazados por la antropología económica, que nos permiten reflexionar de forma no tan lineal acerca de lo que parece evidente. Los mercados dentro de la Ciudad de México podrían a primera vista parecer solo centros de consumo establecidos. Sin embargo, en este trabajo se busca mostrar al mercado como un elemento vivo de diferentes culturas. Como un actor que nos permite hablar de las herencias de los mercados prehispánicos y coloniales a los mercados de nuestros tiempos, pero ¿dónde podríamos encontrar un mercado que nos permitiera dar cuenta de estos estos procesos de intercambio? Consideramos que un heredero directo de estas localidades de mercado dentro de la ciudad es la Merced.
Abstract:
The work within the anthropological field is undoubtedly vast. The different forms of exploration and roads that are accessed lead us to unsuspected roads like those traced by economic anthropology, which allow us to reflect in a not so clear line about what seems obvious. Markets within Mexico City could be considered as single consumption centers. However, this work seeks to show the market as a living element of different cultures. As an actor that allows us to talk about the inheritances of the pre-Hispanic and colonial markets to the markets of our times, but where is there a market that allows us to account for these exchange processes? We consider that a direct example of these market locations within the city is La Merced.
Palabras clave: merced, antropología económica, localidad de mercado.
Keywords: merced, economic anthropology, market location.

La Merced, el territorio del barrio se ha ampliado 
llegando a cubrir prácticamente la misma extensión 
que tenía en la época prehispánica.
Pascale Vilchis
Reflexionar acerca de los mercados en la ciudad de México devela una tarea nada sencilla y al mismo tiempo fascinante para el antropólogo. Permite, entre otras cosas, la observación del “principal mecanismo económico de distribución; revela la forma en que la gente dispone de sus productos y adquiere artículos para su consumo, en suma, la organización económica de cada distrito y localidad” (Malinowski, 2011, p. 37).
La ciudad guarda una relación ontológica con el mercado. Weber en su obra La ciudad nos permite dar cuenta de ello; para él, el mercado tiene una importancia sustancial: “toda ciudad –en el sentido que aquí damos a la palabra– es una localidad de mercado… La ciudad es un asentamiento de mercado’” (1987, p. 49). Debido a que es considerado como un centro económico que permite la configuración de importantes intercambios de diversa naturaleza, es donde ocurre una especialización de producción económica además de ser el centro de abastecimiento de productos y artículos diversos para el comercio o “de ambos, y, como es natural, los habitantes de la ciudad intercambian los productos especiales de sus economías respectivas y satisfacen de este modo sus necesidades” (Weber, 1987, p. 34).
En este sentido, y en el caso particular de nuestro país, debemos dar cuenta de la importancia de las herencias de los mercados prehispánicos y coloniales a los mercados de nuestros tiempos, pero ¿dónde podríamos encontrar un mercado que nos permitiera dar cuenta de estos estos procesos de intercambio? Consideramos que un heredero directo de estas localidades de mercado dentro de la ciudad es la Merced.
Sin embargo, es importante precisar que a pesar de que el consumo y la producción serían elementos también importantes de discutir para comprender el intercambio, este trabajo centrara sus esfuerzos en “el intercambio” que tiene lugar en este espacio.
Para ello debemos traer a cuenta por lo menos dos tipos de intercambio, por un lado, aquel que tiene lugar en las sociedades tradicionales (reciprocidad), y por otro aquel que está asentado en el intercambio económico a partir de un tipo de moneda.
Para lograr observar estos dos tipos de intercambio, debemos arriesgarnos a dar un corte histórico y así generar una mirada más amplia como aquella que propone Fox (1957) a partir de contextualizar los lugares en un marco de mayor amplitud que nos permita dar cuenta de las relaciones económicas y sociales que tienen lugar en una localidad de mercado. Tarea compleja, subraya Malinowski, pues al principio, el etnógrafo se pierde con facilidad: “la dificultad estriba en el caos general del cuadro, combinado con la apabullante simplicidad de cada transacción concreta. Los árboles de ese caos impiden ver el bosque” (2011, p. 45).
Dar cuenta de las formas de intercambio en los mercados y en particular en uno de los mercados más importantes de la capital del país, como es la Merced, convoca a mostrar cómo la importancia de los intercambios en él es una herencia de la gran Tenochtitlan, espacio geográfico de lo que hoy llamanos Ciudad de México.
Una localidad de mercado
Dar cuenta del escenario de la gran Tenochtitlan es mostrar solo un reflejo de aquello que pudo ser. Su construcción deriva del trabajo de múltiples voces y desde diferentes direcciones,[1] sin embargo me parece que el trabajo De Rojas (1986) permite un acercamiento al sistema económico y en particular a la importancia del mercado en esta cultura y su relevancia en la ciudad más importante del imperio mexica.
La narración de este autor permite ubicar un mercado principal en Tlatelolco[2] sitio a donde llegaban a comerciar las personas desde distintos lugares, algunos de ellos muy lejanos, a la ciudad de Tenochtitlan. Además, describe las importantes vialidades constituidas por los canales para la entrada de diferentes productos y da cuenta de una organización compleja, que organiza en tres sectores siendo los comerciantes parte del tercer sector.
En el México prehispánico, el mercado o tianguis era el centro irradiador de comunicación y trueque. Al momento de la Conquista y durante todo el primer siglo de la Colonia los testimonios españoles fluyen e inmortalizan la grandeza, la muchedumbre, los productos y la importancia que tenía el tianguis para los indígenas (Villegas, 2010, p. 93).
El proceso de intercambio que tenía lugar en esta localidad de mercado, obedece a una lógica de intercambio o trueque. Según Durán (1984) en “la época prehispánica el mercado era el único lugar donde se podía intercambiar cualquier tipo de mercancías a través de un sistema de trueque bien establecido” (en Villegas, 2010, p. 94). Sin embargo dentro de ese intercambio existen algunos productos con un valor especifico, este valor no es de carácter monetario como en la sociedad actual, esta lógica de intercambio obedece a una naturaleza distinta, que podría estar relacionada con su funcionalidad en ese contexto. De Rojas (1986) destaca tres productos de relevancia trascendental, las mantas de algodón, el cacao y cartuchos de plumas de aves; sin embargo en las matrículas de tributo azteca se pueden observar otros productos que eran importantes para los aztecas (Códice Mendocino,1541, folios 19-56).[3] Lo anterior da cuenta de la existencia de dos lógicas de mercado en esta cultura, una de carácter interno y otra de carácter externo con otros señoríos.
Existe también información de que en los mercados los habitantes de su entorno y los propios vendedores eran informados acerca de la vida política y social que se desarrollaba en el imperio azteca. De manera que el mercado involucraba un importante espacio para establecer relaciones sociales (De Rojas, 1988).
Estas actividades comerciales de intercambio y punto de reunión social no cambian con la conquista y en la colonia, el trazo de la ciudad incluye la lógica del mercado a la que la población estaba acostumbrada. Comenta Villegas:
En el corazón de la traza se encontraba el centro administrativo, comercial y religioso de la Colonia. La plaza de armas recibía el mercado cotidiano. Rápidamente el tianguis de México se convirtió en el centro comercial más grande de la Nueva España y destronó al de Tlatelolco, el cual quedó fuera de la traza (Villegas, 2010, p. 95).
En los mercados coloniales era usual encontrar una variada mezcla de la población, en ella se podía observar indígenas, mestizos, mulatos, negros y españoles, aunque comenta Villegas que la mayoría de los vendedores eran indígenas, en este sentido podemos observar como el mercado colonial era ejemplo del mosaico social de las prácticas económicas de una región o localidad, además de develar la organización social y cultural alrededor de las mismas. Reporta Cervantes de Salazar:
Desde esta calle que, como ves, atraviesa la de Tacuba, ocupan ambas aceras, hasta la plaza, toda clase de artesanos y menestrales, como son carpinteros, herreros, cerrajeros, zapateros, tejedores, barberos, panaderos, pintores, cinceladores, sastres, borceguineros, armeros, veleros, ballesteros, espaderos, bizcocheros, pulperos, torneros, etc., sin que sea admitido hombre alguno de otra condición u oficio (1985, p. 42).
Esta narración da cuenta del cambio de oficios y el orden que se da a este mercado en función de la vida colonial a diferencia de las formas de organización y oficios que había en el México prehispánico. Cabe destacar que la relevancia o herencia precisamente estriba en que, en esta localidad de mercado, ocurrían circulación de mercancía, intercambio o trueque, información política y social, procesos de solidaridad entre las clases o castas, además que en la colonia surge el intercambio a partir del patrón de los metales (Silva, 2010).
En este sentido podemos observar cierta continuidad en la importancia y organización de los mercados dentro de la ciudad. A continuación, mostramos dos ilustraciones que permiten observar lo que se cree fue un mercado prehispánico y uno colonial. Estas ilustraciones podrían dar lugar a cuestionamientos como:
  • ¿Qué tipos de productos existían o se comercializaban?
  • ¿Qué nuevos productos se introducen?
  • ¿Quiénes integran la clase comerciante?
  • ¿Cómo opera el intercambio?
  • ¿Cuáles son las formas de circulación de los productos?
  • ¿Qué tipo de orden existe en estas dos localidades de mercado?
  • ¿Cómo se desarrollan las relaciones sociales dentro de estas localidades de mercado?
  • ¿Cuáles eran las formas de comercio o alguna herencia de los mercados prehispánicos a los coloniales? Y de ser así, ¿qué implicaciones tiene y para qué hacer trabajo de campo en los mercados de la ciudad de México en nuestro tiempo?
Para Polanyi, la comprensión en torno a la economía de mercado de las sociedades occidentales estuvo monopolizada por la ciencia económica, y afirma que la visión o exploración de las diversas economías tradicionales dotó a los antropólogos de elementos importantes para la discusión: “el estudio de las economías primitivas era sustancial a fin de comprender cabalmente la economía de las sociedades civilizadas” (1947, p. 74). En México este hecho no era la excepción, pues dentro de este territorio conviven como hemos dicho herencias de sociedades tradicionales que han derivado importantes trabajos antropológicos que conducen a la exploración de otras lógicas de intercambio, además de dar cuenta de cómo conviven en muchos casos ambas lógicas de intercambio, circunstancia que muestra el trabajo de Greenberg (2002) con su crítica al concepto de comunidad corporativa cerrada, dando oportunidad a mirar al comercio como un asunto que no respondía a una sola lógica de intercambio. Si no que en ésta vivían por lo menos dos lógicas las tradicionales y las precapitalistas que dan sentido a las localidades de mercado de nuestro tiempo además de dar cuenta de una lógica distinta de intercambio y circulación de los productos.
Cabe aclarar que estos cambios y herencias no ocurren de manera lineal, sino por el contrario, son profundos procesos que impactaron a las sociedades de manera trascendental y el trabajo antropológico permite dar cuenta de ello, pues dentro de las narrativas de los trabajos de campo de diferentes épocas podemos encontrar la configuración de los mercados, a partir de las observaciones de la dinámica de la población (raza, clase social, roles y oficios), además de dar cuenta de la composición cultural y social de una localidad y región, así como el funcionamiento y circulación de productos, debemos recordar que “el mejoramiento de la producción es acompañado de la dislocación catastrófica de la vida común” (Polanyi, 1957, p. 81). La transición del México prehispánico al colonial y al México independiente da cuenta de esta importante transición dotada de pliegues y relieves que involucrarían una tarea ambiciosa para su explicación y que no es el objetivo de este trabajo, pero que nos parece importante señalar debido a que para comprender las dinámicas de la localidad de mercado en el presente siglo debemos tener claridad de estas herencias y transiciones.
En particular se debe enfatizar la importancia de la localidad de mercado que sobrevivió y se reconfiguró a los tiempos y a los modos de producción, consumo e intercambio en la ciudad de México y el ejemplo más claro es el mercado de la Merced.
La Merced en el tiempo

 Mercado de Jamaica durante las fiestas de muertos 
(foto: @juancarlosrangel).
En el México independiente, en el centro del país tuvo continuidad la importancia de los mercados y la Merced sobrevivió a la herencia prehispánica y colonial, su importancia radicaba en la importante conexión de los productos con regiones como Chalco, Xochimilco y Texcoco, por mencionar algunas. Otros mercados la antecedieron como Tlatelolco y el Volador. La Merced se fundó hacia 1594 en las inmediaciones del Convento de Nuestra Señora de la Merced, ubicado en la parte oriente del Centro Histórico. Hasta allí llegaba el llamado Canal de la Viga[4] donde por medio de lanchones o trajineras se transportaban las mercancías al centro de la ciudad.
La Merced inició como un mercado de calle. No estaba dentro de un inmueble en sus primeros tiempos, pues seguía bajo la lógica del mercado prehispánico, es decir, la alineación de puestos unos frente a otros; fue en el porfiriato cuando tuvo su transición a mercado establecido.
Las reseñas de este barrio cuentan que la demografía era variada pues además de la población local, en los años treinta fue un espacio que acogió numerosos inmigrantes procedentes del espacio rural, así como españoles, libaneses, chinos, judíos, árabes, entre otros, pues el mercado era una importante fuente de trabajo para las personas que venían de provincia y de otros lugares a la ciudad (Hernández, 1997).
Para la década de los cincuenta el antiguo mercado fue demolido, y en 1957 fue construido, con diseño del arquitecto Enrique del Moral, el nuevo Mercado de la Merced, a un costado de una moderna avenida: el Anillo de Circunvalación, que pertenece, hoy día, a la delegación Venustiano Carranza de la Ciudad de México.
La Merced una observación de corte etnográfico 
A primera vista, el paisaje urbano de la Merced en nuestros días, no tendría mucho que ver con aquella Merced de la colonia o del porfiriato, pero bastaría una inmersión en esta localidad para dar cuenta que, en ella, conviven herencias de intercambio tradicional y formas de intercambio capitalista. Dar cuanta de las transformaciones de esta localidad de mercado podría quedar enmarcado con la simple descripción del acceso a ella:
Llegar a la Merced por medio del metro de la ciudad, resulta más sencillo, pues hacerlo por fuera requiere de mucha paciencia, las avenidas están siempre a tope y es fácil perderse en una zona comercial como está, invadida por puestos ambulantes en la calle (Valdés, 2015).
Realizar el recorrido en el transporte subterráneo permite ubicar la diversidad de la población que se dirige a esta localidad de mercado, además de percibir los olores de cebollas, chiles y ajos que no dejan duda de que has llegado a dicha localidad.
El mercado de la Merced está integrado por dos naves: una mayor y otra menor, además de un paso a desnivel. Para visitarla se requiere de una cierta claridad en los accesos, las formas de transporte, túneles y trazas internas:
Al bajar del metro, se debe tomar la salida que te lleva directamente a la nave mayor donde se vende frutas, verduras y legumbres, para ir a la nave menor se debe cruzar la calle o pasar por el pasaje que divide las naves ahí encuentras carnes, pescado, lácteos, abarrotes y carnes frías, también en el paso a desnivel hay venta de comida preparada y antojitos… bueno, ya no es como antes, ahora donde quiera se encuentran cosas y es difícil caminar (Argüelles, 2015).
Pero ¿quiénes venden y quiénes compran en el mercado de la Merced? ¿Cómo ocurre el intercambio?
La población que asiste es diversa; entre los vendedores se encuentran los que son locatarios fijos en el inmueble y los ambulantes. En ambos existen migrantes de zonas rurales como: Puebla, Oaxaca, Morelos, Estado de México, la mayoría de ascendencia indígena. No en todos los casos los vendedores de ascendencia indígena guardan un estrecho vínculo con la comunidad de origen (comentan algunos locatarios), pues en algunos casos ese vínculo fue perdiéndose conforme desarrollaban su vida cotidiana y se casaban sus hijos con personas en la ciudad. Por otro lado, también están los indígenas que llegaron a la ciudad hace menos tiempo, este grupo se caracteriza por tener continuidad y vínculo con su comunidad de origen, se mueven en grupos y hacen uso de su lengua materna y usan vestidos tradicionales. Por último, tenemos a los hijos de los inmigrantes de otros tiempos con ascendencia judía, libanesa. Además de lo que podríamos describir como población mestiza con ascendencia más urbana.
Este tema de las relaciones familiares, los lazos o redes que se muestran dentro de esta localidad de mercado, podríamos considerar la posibilidad de estudiarlo como posibles relaciones que responden y operan frente a la idea de reciprocidad:
La ‘reciprocidad’ es un juego simétrico, donde un lazo social se expresa por la vía de una transferencia de valor.[5] Esta transferencia podrá ser temporalmente simultánea a su contraparte, o bien esta estará temporalmente diferida. Podrá ser dual o podrá ser tercerizada y transitiva, pero en todos esos casos “recíprocos”, sean alimentos, sean novias, sean niños, sean prestaciones de trabajo, sean canoas o cerdos, a) se da algo que no se vuelve a ver, y se retribuye con un valor equivalente. b) La suma de lo que uno se desprende y lo que el otro recibe es igual a cero (Abduca, 2007, p. 118).
En este sentido podríamos pensar que dentro de esta localidad de mercado ocurren intercambios en otro sentido. No es tarea de este trabajo realizar una exploración exhaustiva sobre el tema, pues necesitaríamos de otros elementos de carácter etnográfico para lograr un tejido fino al respecto. Pero sí se quiere demostrar algunas ideas que surgen de la visita de observación de corte etnográfico a la Merced.
Para mostrar o acercarme un poco a los consumidores de este mercado, decidí observar a una familia haciendo compras. Esta familia tiene 10 años visitando el mercado, y está integrada por tres hermanos, dos hombres y una mujer, de clase media, la mujer trabaja como profesora, el hermano mayor trabaja con judíos desde hace 10 años en mueblerías y el menor está terminando la universidad. Al realizar sus compras me di cuenta de que tenían bien ubicados los puestos de sus marchantes:
Hermana: 
–Qué paso marchanta, cómo está, deme un kilo de calabacita tierna.
Señora del puesto: 
–Bien güerita, aquí, ya sabe, con los dolores de pierna, ahorita se lo pongo (observación, 2015).
Seguimos caminando entre los diferentes puestos de la nave mayor, encontramos a otra “marchanta” como se refiere la hermana a las señoras que venden en los puestos.
Ahí ocurrió un asunto de intercambio que me pareció peculiar. En este puesto se compró toda la verdura que corresponde a hortalizas: lechuga, germinado de soya, berenjena, tomatitos, etc., al pagar, la señora no tuvo cambio, y regresó a la hermana un puño de ajos de cabeza grande, la hermana contestó: “gracias, ¿segura que así está bien? La señora respondió: sí güerita”. El cambio eran 10 pesos que fueron devueltos en especie, no hubo ninguna discusión para recuperar el cambio en moneda, fueron intercambiados sin ninguna discusión. Mi sorpresa era que esa medida de intercambio era completamente aceptada por la hermana ¿Cómo saber si correspondían con el valor monetario? ¿Se trataba de un trueque? ¿O era simplemente una práctica común en el mercado? ¿Operó alguna presión mi presencia? Son preguntas difíciles de responder con un ejercicio tan corto de observación, pero que permiten sin lugar a dudas plantear importantes preguntas para el desarrollo de un trabajo de campo serio en esta localidad de mercado.
Conclusión 
El espacio y el tiempo para desarrollar este ejercicio es corto para lograr retratar a esta localidad de mercado después de la experiencia de transitar por ella, además de conocer algunos materiales que me ayudaron a entender que, en ella, existen diversas lógicas de intercambio que guardan relación con una estructura de población que opera bajo un mosaico multicolor heredera de tiempos y de espacios distintos que se reconfigura y se expresan en este tiempo que permite dar cuenta de esas herencias.
No se trata más que de tierra fértil para la exploración antropológica y en particular para el trabajo de campo de la antropología económica. Pues dentro de la dinámica interna de este espacio podemos explorar los procesos de intercambio, de consumo y su vínculo con la producción, además de encontrar otras áreas de la economía que devela la antropología económica, es aventurado decir que podemos encontrar una convivencia de formas de intercambio y consumo tradicional y capitalista porque para ello tendríamos que realizar un trabajo más profundo; sin embargo, podemos observar que:
Algunos de estos rasgos pueden tener raíces prehispánicas, éstos han sido en igual manera un producto de cinco siglos de integración a la economía mundial y al sistema de dominación de la sociedad más amplia. No obstante, tales elementos no capitalistas continúan definiendo un conjunto distintivo de valores y códigos morales (Greenberg, 2002, p. 134).
De manera que el mercado siempre ha formado parte importante en el contexto de nuestra ciudad. Pero es de destacar que el elemento de proceso y transición de estos mercados en los diferentes modos de producción, resultan significativos para el trabajo de campo antropológico, pues este no emana de un simple paso de una economía tradicional a una medieval como fue el caso de las economías europeas y después industrial, sino que debemos buscar dentro de la dinámica de los mercados actuales algunas reminiscencias que nos ayudan a dar cuenta de un importante proceso de transformación. Por ello nos resulta relevante hablar de ciertos datos respecto de la transición de los mercados mexicas y su permanencia en la colonia y en nuestros días. Nos lleva a la pregunta que Malinowski se hizo en su etnografía de Oaxaca: ¿Qué ocurre en los mercados de México? Cuestionamiento que da pie a abrir la discusión de los procesos de economía clásica e invita a escena a la antropología económica y su metodología etnográfica para derivar preguntas y reflexionar acerca de esa fetichización de los mercados, de eso que invisibiliza el dato cuantitativo o el enfoque clásico que, como dice Malinowski, muestran el árbol pero ocultan el bosque.
Bibliografia
Abduca, Ricardo (2007). La reciprocidad y el don no son la misma cosa. Cuadernos de Antropología Social, N°. 26, pp. 107-124, Universidad de Buenos Aires Buenos Aires, Argentina. Disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/1809/180914245006.pdf
De Rojas, José (1986). México Tenochtitlan. Economía y sociedad en el siglo XVI. Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán.
Durán, Fray Diego (1984). Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme. México, Porrúa.
Fox, Richard (1977). Urban Anthropology Cities in their cultural settings. New Jersey: Prentice-hall.
Gaggioli, Naymé (2014). El mundo financiero como objeto antropológico, Runa, vol. 35, N°. 1, pp. 41-60 Universidad de Buenos Aires Buenos Aires, Argentina. Disponoble en:http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-96282014000100003&lng=es&nrm=iso
Greenberg, James (2002). El capital, los rituales y las fronteras de la comunidad corporativa cerrada. Desacatos. N°. 9, primavera-verano, pp. 132-147. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Distrito Federal, México.
Malinowski, Bronislaw (2011). La economía de un sistema de mercados en México. México: Universidad Iberoamericana.
Polanyi, Karl (2012). La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México: FCE.
Silva, Jorge (2010). El mercado interno colonial novohispano. Siglos XVIII-XIX. Evidencias y resultados Economía y Sociedad, vol. XIV, núm. 25, enero-junio, pp. 33-50. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Morelia, Distrito Federal, México. Disponible en:http://www.redalyc.org/pdf/510/51015546003.pdf
Vilchis, Flores (2010). Reseña de “El barrio de La Merced: estudio para su regeneración integral” de Ricardo Antonio Tena Núñez y Salvador Urrieta García (Coords.). Cuicuilco, vol. 17, N°. 48, enero-junio, pp. 331-334. Escuela Nacional de Antropología e Historia. Distrito Federal, México. Disponible en:
Villegas, Pascale (2010). Del tianguis prehispánico al tianguis colonial: Lugar de intercambio y predicación siglo XVI, Estudios Mesoamericanos Nueva época. N°8. Enero-junio. pp. 93-102 México. Disponiblehttp://www.iifilologicas.unam.mx/estmesoam/uploads/Vol%C3%BAmenes/Volumen%208/Villegas-tianguis-prehispanico.pdf
Weber, Max (1987). La ciudad. Madrid: Piqueta.
Entrevistas informales
Señora Rosa Hernández (1998). México, D.F.
Valdés, Roberto (2015). México, D.F., 7 de noviembre.
Argüelles, Guillermo (2015). México, D.F., 10 de noviembre.
Observación en la Merced (2015). México, D.F., 7 de noviembre.
Notas 
[1] Nos referimos que los datos a los cuales tenemos acceso acerca de la gran Tenochtitlan, son en su mayoría elaborados por religiosos y por los conquistadores, si bien es cierto que el colegio de Tlatelolco permite una recuperación importante de materiales elaborados por los propios indígenas, estos no escapan al filtro de sus profesores franciscanos de la época.
[2] El mercado de Tlatelolco cobró mayor relevancia cuando este señorío formó parte de la cultura azteca (Villegas, 2010).
[3] Ver http://codicemendoza.inah.gob.mx/inicio.php?lang=spanish consultado el 10 de noviembre de 2105, a las 4:31 pm.
[4] En lo que actualmente conocemos como La Viga y Santa Anita. En los siglos XVI al XIX, al canal prehispánico se le llamó Acequia Real. Su valor como vía de comunicación podría equipararse al de nuestra moderna Insurgentes (Enríquez, s/f)) disponible en:
[5] “Son esas cadenas invisibles que ligan las relaciones entre cosas y las relaciones entre gentes” (Abduca, 2007, p. 117).
______________
 * Profesora de Tiempo Completo de la Universidad Pedagógica Nacional-UNidad Ajusco.

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