viernes, 14 de enero de 2011

Iglesias del Barrio de Tultenco/San Francisquito

















SAN FRANCISCO DE ASÍS
José Sotero Castañeda 563 y Roa Barcenas
Col. Vista Alegre, C.P. 06860
Del. Cuauhtémoc
Tel. 5233-0153
Horario: Lun-Vie 10:00 a 13:30 (excepto Miércoles)

Directorio de Templos: Arquidiócesis Primada de México

La capilla de San Francisquito (así llamada por los feligreses) colindaba con este arroyo y con el ferrocarril de San Rafael-Atlixco.
Este bello ejemplar de humilde edificación religiosa era uno de los pocos que conservaban su estilo franciscano primitivo hasta mediados del siglo XX en que fue “modernizado” perdiendo su genuino tipo franciscano muy característico de los primeros tiempos de la dominación española.

Fuente: Jorge Alvarado Granados es Licenciado en Economía por la UNAM, consultor y bibliófilo, nacido en la colonia Vista Alegre. Entre otras actividades se dedica a la cría de Xoloitzcuintles, raza de perros de origen Mesoamericano. Es miembro fundador del Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco. Fascículo 2: Crónicas del Barrio.

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sábado, 8 de enero de 2011

El Paseo de la Viga


EL PASEO DE LA VIGA

Nuestros lectores conocen ya el paseo de Bucareli, paseo de la aristocracia, en donde el extranjero que visita la capital, puede formarse una idea exacta del lujo de sus habitantes, al contemplar la doble hilera de ricos y elegantes carruajes, que recorren lentamente el espacio que media entre la plaza de toros y la fuente principal; ahora verán el paseo popular por excelencia, el sitio que aman los pobres, el lugar de recreo, á donde concurre desde el empleado que se avergüenza de ir en coche de alquiler a Bucareli, hasta el jovial y fandanguero lépero, que en compañía nada santa de una o dos chinas, va á gastar en una tarde el producto de una semana entera de trabajo.

El paseo de la Viga, es una de las primeras cosas, después del caballito de Troya (alias) Carlos IV, que van á visitar los fuereños que aciertan á venir á esta Babilonia que llaman México. Es que, el paseo de la Viga, es al propio tiempo un lugar de recreo y un recuerdo; un recuerdo de la antigua Tenochtitlán, surcada de canales, como la reina del Adriático, y como ella también poderosa, rica e independiente, antes de que vinieran las huestes castellanas con el Cristo en una mano y la espada en la otra, a conquistar estas comarcas.

El canal de la Viga, que une los dos grandes lagos del Valle de México, atravesando una parte de la ciudad, es en efecto todo lo que nos queda de aquellas grandes y numerosas acequias, donde había jardines flotantes que formaban las calles de la antigua México; esta ciudad, que puede decirse, brotó de en medio de las aguas como la Venus de la fábula, hermosa como ella para reclinarse en las alfombras de esmeralda que le ofrece su fértil campiña. Hubo un tiempo en que todo el Valle de México era un inmenso lago que servía tan solo de espejo á las pasajeras nubes; la industria del hombre y la mano de Dios, conquistaron el terreno poco á poco, y las aguas se retiraron hasta reducirse á esos lagos de Texcoco y de Chalco, quo hoy se miran desde nuestras torres como una cinta de plata al pié de las colinas que forman nuestro horizonte. Bien, es cierto que el lecho de esos lagos está, con muy corta diferencia, casi al nivel de México, y que puede venir un día en que las aguas recobren con ímpetu su antiguo dominio; pero ¿qué importa el peligro á esa multitud que corre ansiosa á gozar? En esta vida que recorremos, ¿no hay siempre un abismo bajo nuestras plantas? ¿No es esta misma inseguridad la que presta un poco de atractivo á nuestros placeres? Y luego, bien pudiera suceder que el arte desecase esos lagos: la agricultura ganaría; ganaría la salubridad pública; pero perderíamos ese paseo tan bello y tan poético.

Porque efectivamente, el paseo de la Viga es muy hermoso, y sin disputa el más animado de la capital: a Bucareli va la gente de tono por costumbre, y a lucir sus ricos trenes; á la Alameda los que buscan la calma, el silencio, la sombra; á la Viga, acude el pueblo, el pueblo amigo del ruido, del movimiento y de las sensaciones.

Mirad ¡el artista, más afortunado que nosotros, ha sabido trazar con su lápiz todo un cuadro de costumbres, que se abraza con una sola mirada; ha escogido el instante de mayor animación y lo ha fijado en su lienzo.

Contemplad con atención esa bellísima litografía, y os parecerá oír el zumbido de la multitud que se agita como un inmenso enjambre de abejas!.... Para describir ese cuadro, nos sería preciso ocupar muchas páginas; habría que hacer la historia de cada grupo, de cada objeto, ¿y no sería este un trabajo inútil cuando ese dibujo rebosa verdad, cuando se comprende y se adivina?

Era una tarde del mes de Abril, porque este paseo tiene su época determinada; comienza el miércoles de ceniza y termina el jueves de la Ascensión del Señor. El cielo estaba limpio y sereno, y el sol al declinar hacia al occidente, bañaba la campiña con sus rayos, que al filtrarse por entre las ramas de las árboles, parecían una lluvia de oro.

De las cinco á las seis de la tarde, el paseo llega á su mayor grado de animación: los coches y la gente de a caballo, recorren la calzada que se extiende á la derecha del canal. Los carruajes siguen una línea; pero los jinetes gozan de toda libertad: allí se admiran los hermosos caballos, llenos de fuego y de brío, que caracolean y se agitan; allí luce la habilidad y fuerza del que los monta, ora vista frac a la inglesa, ora luzca el rico y pintoresco traje del ranchero; pues en México generalmente todos saben montar perfectamente.

La multitud pedestre se agolpa al borde del canal, en donde hay bancas de piedra. Allí se sientan el papá y la mamá con toda la familia; allí se refugian todos los que componen esa clase media vergonzante que no va en coche, ni á caballo, ni quiere mezclarse con el pueblo.

En cuanto á este, su placer, su delirio, es embarcarse, tomar un lugar en alguna de esas inmensas canoas que se deslizan lentamente sobre el agua, al son de la música de cuerda, y estremeciéndose con el movimiento de los que bailan.


El muelle o embarcadero, es un lugar de confusión, una torre de Babel, en donde se mezclan y se confunden los gritos del robusto pulquero, que al lado de sus barriles pregona su vendimia, los del indio que busca pasajeros para su canoa, á dos por medio real, los de los fruteros, los dulceros, los gritos de júbilo de la multitud, las incitadoras armonías del jarabe...

Se acerca una canoa: hombres, mujeres, niños, todos se precipitan, y en menos de un minuto la embarcación está ocupada por una multitud compacta, que no puede ni aun moverse; todos tienen que ir en pié, no hay espacio para que nadie se siente. La canoa, recargada de peso, se hunde hasta los borde, tal parece que va a zozobrar: ¡un movimiento, y se hunde todo!

Se mueve lentamente; la multitud se comprime, hace milagros, rompe la música, pues cada nao está provista de artistas indígenas que tañen el arpa, se escucha el incitante jarabe, y hombres, y mujeres, y niños, comienzan á bailar.

Entonces la canoa parece animarse, antes estaba dormida, perezosa. Ahora se mueve con ligereza y marcha por ese canal, que se extiende á la vista hasta perderse en lontananza. Mil canoas se cruzan, y en todas se canta, en todas se baila; á veces tropiezan, y una de ellas se va á pique; pero el baño que sufren los bailarines, no hace más que redoblar su alegría.

De una canoa á otra se entornan diálogos; la música de la una, hace perder el compás á los bailarines de la otra, y para el espectador que permanece en la orilla, esa armoniosa confusión, ese movimiento incesante, esa alegría expansiva, forman uno de esos cuadros que no se olvidan nunca.

Las canoas navegan así hasta Santa Anita ó Ixtacalco, pequeños, pero pintorescos pueblecillos de indígenas, que se mantienen con el comercio de flores, de legumbres y de patos. Allí se renueva el fandango, se hacen nuevas libaciones, y cuando el sol ha caído, regresan todos más contentos, más animados. Todos vuelven entonces coronados de flores, de las que se cultivan en las chinampas, jardines flotantes, hechos en medio de las aguas á fuerza de industria; y ya entrada la noche, al dispersarse la multitud silenciosa, pues la alegría después de su explosión, causa y deja un vacío en el corazón, lleva hasta el hogar doméstico la guirnalda de amapolas, que es de rigor traer, como un recuerdo del placer pasado....

Florencio M. del Castillo
México y sus Alrededores
1855-1856
Primera parte


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Las 13 Garitas de la Ciudad de México

El autor de esta imagen es Tomás Filsinger, quien ha hecho un trabajo minucioso sobre la ciudad prehispánica de México-Tenochtitlan. En ésta ubica con toda precisión las 13 garitas que controlaban la entrada y la salida de la Nueva España, joya de la corona española en las tierras del nuevo mundo. Al sur-oriente de la ciudad se ubicaban las garitas de La Candelaria, la de La Viga y la de Coyuya.

Si ampliamos la imagen podemos ver que la Garita de La Viga controlaba el paso de las canoas y lanchones que surcaban por el Canal de La Viga. Esta fue una de los principales vías de abastecimiento de legumbres y verduras hacia la ciudad de México. En este blog hemos publicado una litografía que nos da una idea de lo que fue el embarcadero de Roldán, lugar de distribución de todo tipo de mercancías y víveres que llegaban a la ciudad desde Xochimilco.

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sábado, 6 de noviembre de 2010

15 mil, van 15 mil entradas

Gracias amigos por visitar este sitio. Se hace para servir y compartir... Gracias

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miércoles, 27 de octubre de 2010

La sangre de Moctezuma II en España




Hasta Cáceres, pueblo español de la región extremeña, que en 1986 fue nombrado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad por preservar uno de los complejos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento, llega la sangre real de Moctezuma Xocoyotzin, sucesor de Ahuízotl e hijo de Axayácatl. Existe en este poblado una avenida, una rotonda y un barrio que llevan el nombre de Isabel de Moctezuma, nombre cristiano con el que se bautizó a Tecuichpo Ixquixóchitl, hija de Moctezuma, "la madre real del mestizaje", según afirma José Miguel Carrillo de Albornoz.

Carrillo de Albornoz es uno de los 2 mil descendientes que ha dejado Isabel de Moctezuma a lo largo de cinco siglos y que ha rastreado la historia y las raíces de la Casa de Moctezuma. Señala que Tecuichpo Ixquixóchitl nació en julio de 1510 de la unión del emperador mexica con la princesa Teotlaco, de la casa real de Tlacopan (Tacuba). La hija de ambos estaba llamada a ser dos veces emperatriz y había de tener cinco maridos.

Moctezuma II le encargó a Hernán Cortés la custodia de su hija Tecuichpo. Ésta, con tan sólo 10 años de edad, había sido casada con Cuitláhuac, sólo que debido a la muerte prematura de éste (1520), contagiado de viruela, no llegó a consumarse dicho matrimonio. Lo mismo sucedió con Cuauhtémoc, quien también fue casado con la hija de Moctezuma II, pues Hernán Cortés, cauteloso de futuros conflictos, se negó a que hubiera una dinastía nacional de hijos de Cuauhtémoc.

En los años posteriores al sitio de Tenochtitlan, Hernán Cortés le propuso matrimonio a Tecuihpo ante un cura, y si bien el enlace no llegó a concretarse, sí nació una hija de ambos con el nombre de Leonor. Cortés, a su vuelta de España regresó casado con una sobrina del duque de Béjar lo que significó una ofensa terrible para la emperatriz de México.

Techuichpo, convertida al catolicismo, adoptó el nombre de Isabel de Moctezuma y tuvo nupcias con Alonso de Grado, visitador de indias, sin que tuvieran descendencia. Después se casó con Pedro Gallego de Andrade, con quien tuvo a su primogénito, Juan de Andrade Moctezuma y a quien podemos ubicar, según Carrillo de Albornoz, como el comienzo del "legitimo mestizaje".

El primogénito de Isabel casóse con María de Castañeda, con quien procreó a Pedro, Hernando, Juan, Felipe e Isabel, de quienes descienden familias mexicanas como los Fernández de Lima y Moctezuma Barragán.

El quinto y último esposo de Isabel Moctezuma fue Juan Cano Saavedra, con quien tuvo cinco hijos más: Pedro, Isabel, Catalina, Gonzalo y Juan Cano Moctezuma. Las dos mujeres permanecieron en México en el convento de la Concepción y nunca salieron de la Nueva España.

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jueves, 14 de octubre de 2010

El Canal de la Viga - Crónica anunciada



En este blog estamos preparando una investigación documental sobre el Canal de la Viga. Se trata de realizar la crónica sobre la última vía fluvial de la Ciudad de México. Estén atentos.

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domingo, 25 de julio de 2010

Mi Barrio: Tultenco

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La Colección: “Memorias del Barrio de Tultenco” está planeada para la publicación de fascículos temáticos en los que se abordarán:
• Los personajes ilustres que dan nombre a las calles del Barrio de Tultenco;
• La historia de su fundación y desarrollo urbano;
• El patrimonio edificado;
• El patrimonio inmaterial;
• Los relatos de nuestros vecinos;
• Personajes inolvidables del Barrio;
• Memoria visual (imágenes antiguas y contemporáneas)

Colección Memorias: Fascículo 2

Colección Memorias: Fascículo 2
Fascículo 2: Crónicas del Barrio

Tin Tán "El Panadero"

Chava Flores "La esquina de mi barrio"

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