sábado, 11 de marzo de 2023

Librería Antigua Madero: Un legado vivo / Carlos Martínez García


 Fotografía de Juan Carlos Rangel (9/04/2012)

Convirtió el espacio en uno de intercambio de conocimiento y amor por los libros antiguos. Así lo comunicó el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura al informar acerca del fallecimiento, el 8 de marzo de 2021, de Enrique Fuentes Castilla, propietario y director de la Librería Antigua Madero. 


El de don Enrique fue un bello proyecto de vida con profundas repercusiones culturales. Desde que adquirió la librería, en 1989, paulatinamente la transformó en lugar para adquirir obras antiguas, sobre todo de historia mexicana. Al fallecer, el rico y especializado catálogo de la Librería Antigua Madero podría haber sido adquirido por alguna biblioteca estadunidense, tal vez la Nettie Lee Benson (Universidad de Texas en Austin), y así perder el país joyas bibliográficas, como tantas otras que por distintas vías han ido a engrosar el acervo de poderosas universidades extranjeras. En el caso de la Madero no fue así, por lo que debemos congratularnos.


En una pequeña nota de Fabiola Palapa Quijas, La Jornada dio una gran noticia: Tras la firma de un convenio con la familia de Enrique Fuentes Castilla (1939-2021), quien fue director de la mítica Librería Antigua Madero, la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) recibirá el acervo de ese faro de conocimiento y saber, así como sus muebles, para crear el Fondo Librería Madero-Don Enrique Fuentes. Los libros y mobiliario tendrán un lugar especial en la biblioteca de la UCSJ, la cual será remodelada para dar cabida al fondo que dejó don Enrique.


La Antigua Madero estuvo bajo la dirección de Fuentes Castilla por 32 años. Él agregó al nombre lo de antigua, porque al trasladarla del sitio donde fue abierta en 1939 quiso que hubiese continuidad con la librería original. La Librería Madero abrió sus puertas en el número 12 de la transitada calle de la que tomó el nombre, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el año en que nació don Enrique. Los primeros propietarios fueron Tomás Expresate, Enrique Naval y Ana María Cama, la hija de don Tomás, Neus, junto con Vicente Rojo y José Azorín fundaron Ediciones ERA en 1960, cuyo nombre se formó con la primera letra del apellido de los tres mencionados. 


La Librería Madero debió ser trasladada por el alto costo de sostenerla en la bulliciosa calle, la más transitada peatonalmente de América Latina, y su nuevo lugar, la Casa de la Acequia, situada en la esquina de Isabel la Católica y San Jerónimo, enfrente de la plaza de Regina, lo describió Ángeles González Gamio: “La hermosa casona del siglo XVII tiene rica historia que inició desde la época prehispánica, en que eran un par de torreones de vigilancia de una de las principales acequias de Tenochtitlan […] Para mediados del siglo XX la casona se había convertido en una vecindad de rentas congeladas. Fue en los años 80 del siglo pasado cuando la adquirió un devoto del Centro Histórico, quien la restauró magníficamente y la dio en comodato al Ateneo Español […] Ahora una parte la ocupa la que actualmente lleva el nombre de Antigua Madero Librería. Al cruzar el umbral se traslada uno al siglo XVIII con sus techos altos, envigados y bellos libreros de caoba y cedro blanco de Chiapas” (https://www.jornada.com.mx/2012/11/11/opinion/030a1cap).


En 2012 Caja de Cerillos Ediciones, proyecto encabezado por Andrea Fuentes Silva (hija de don Enrique), publicó un hermoso libro, Antigua Madero Librería: El arte de un oficio, en el que colaboraron varios escritores con palabras de reconocimiento y encomio a la denodada labor de Fuentes Castilla. Él era, rememora Adolfo Castañón, un buen librero, y como tal, “capaz de poner en acción sus redes de pescador avezado para atraer la presa codiciada por el comprador leyente. El librero es como un pescador que vive y sueña de cara al mar de los libros: muy temprano ha de levantarse y madrugar como un campesino para llegar a buena hora a esos mercados de cosas usadas que se instalan en algunos puntos de la ciudad o para alcanzar los basureros a donde van a dar libros y papeles […] Su saber y su eficacia, su buen humor e ingenio le han espolvoreado un poco de felicidad y ajonjolí al cotidiano plato de nuestras anónimas lentejas, es decir al libro nuestro de cada día”.


La librería que amorosamente cultivó don Enrique no se irá del todo. Es verdad que debió cerrar puertas, y con ello hacer más difícil la obtención de quienes buscan libros antiguos sobre temas mexicanos. Pero algo queda, el remanente bibliográfico heredado por él venturosamente ya es reguardado, y esperamos que pronto exhibido, en la Universidad del Claustro de Sor Juana, muy cerca de donde estuvo la Antigua Madero. Así no se perderá, como sí aconteció con otras dos librerías icónicas, la Zaplana, en San Juan de Letrán 41, y la de Cristal (también conocida como la Pérgola, a un costado del Palacio de Bellas Artes). El de don Enrique es, felizmente, un legado vivo y palpitante, muchas gracias.


* * *


La foto de Don Enrique fue tomada el 9 de abril de 2012, día en que abrió sus puertas la Librería Antigua Madero en el nuevo local de Isabel La Católica y San Jerónimo. El propio Enrique Fuentes nos comentó que desde que la calle Madero se había convertido en peatonal, le habían aumentado la renta en 125 mil pesos mensuales, algo imposible de pagar para un negocio de libros. En el artículo no se menciona quién fue el "devoto del Centro Histórico" que adquirió el inmueble, pero es muy posible que haya sido el magnate Carlos Slim. 


En este artículo y en el de Ángeles González Gamio titulado "Antigua Madero Librería", también publicado en este blog, escriben erróneamente el apellido del fundador de la Librería Madero, Don Tomás Espresate, y el de su hija, Neus Espresate, quien junto a Vicente Rojo y José Hernández Azorín fundaría Ediciones ERA (formada por las iniciales de los apellidos de Espresate, Rojo y Azorín). Para mayor información dejo este enlace: 


https://negritasycursivas.wordpress.com/tag/tomas-espresate/

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viernes, 10 de marzo de 2023

Antigua Madero Librería / Ángeles González Gamio

 


Ya hemos hablado de la distinción de la calle de Madero que data del siglo XVI, en que se establecieron en ella los mejores orfebres de la plata, lo que la bautizó como Plateros. Éste fue el sitio seleccionado por Tomás Expresate para fundar en 1939 la Librería Madero. Al proyecto se unieron Enrique Naval y Ana María Cama. Con altas y bajas y una restructuración en 1951, la librería sobrevivió hasta el año de 1989 en que la adquirió un entusiasta joven norteño, Enrique Fuentes Castilla, cuya única relación con los libros era el amor a la lectura desde la infancia. Su sensibilidad y talento lo llevaron a fincar relaciones con gente del medio de los libros hasta tener en familia, escritora, editora e investigadora.


En estos 23 años ha logrado consolidar a la Librería Madero como la más prestigiada en lo relacionado a libros antiguos, fuera de circulación, obras especializadas, sin dejar de ofrecer novedades. Los temas en que se cifra el acervo son arte, arqueología, antropología, historia, algo de música, y gastronomía, básicamente sobre México.


Gran conversador, Enrique Fuentes ha logrado en este cuarto de siglo traer a la vida una reminiscencia de las tertulias que solía haber en las viejas librerías, en que por las tardes acudían bibliófilos, escritores, poetas, historiadores y amantes de la letra escrita, simplemente a platicar de libros.


El bullicio actual de Madero que desde que se hizo peatonal es paseo turístico de miles de personas y el incremento en la renta, llevaron al dueño a buscar otro espacio en las cercanías. El sitio no podía ser mejor: la Casa de la Acequia, situada en la esquina de Isabel la Católica y San Jerónimo, enfrente de la plaza de Regina.


La hermosa casona del siglo XVII tiene rica historia que inició desde la época prehispánica, en que eran un par de torreones de vigilancia de una de las principales acequias de Tenochtitlan. Los vestigios de la misma permanecen cuidadosamente cubiertos debajo del piso del comedor. Tras la conquista estos torreones fueron la base de una sencilla construcción, que fue creciendo al paso de los siglos. Se le edificó un segundo piso para su uso como residencia y en el siglo XVIII se le hizo otra ampliación para que fuera la sede de un beaterio. Para mediados del siglo XX la casona se había convertido en una vecindad de rentas congeladas. Fue en los años 80 del siglo pasado cuando la adquirió un devoto del Centro Histórico, quien la restauró magníficamente y la dio en comodato al Ateneo Español. La noble institución que crearon los republicanos españoles que buscaron asilo en México la ocupó por más de 20 años. Hace alrededor de tres años se trasladaron a una nueva sede ya de su propiedad.


Ahora una parte la ocupa la que actualmente lleva el nombre de Antigua Madero Librería. Al cruzar el umbral se traslada uno al siglo XVIII con sus techos altos, envigados y bellos libreros de caoba y cedro blanco de Chiapas. Varios pertenecieron a la botica que fundaron en 1903 los hermanos Sanborns y otros eran del Ateneo Español y habían pertenecido a la Editorial Zéneca, creada por varios republicanos del exilio. En este cálido espacio Enrique Fuentes auxiliado por Raúl, Juan y Luciano, le acogen en ese mundo prodigioso que brindan los libros de calidad.


A raíz del cambio de sede, Ediciones La Caja de Cerillos ha publicado una joya editorial, con ensayos de personajes del mundo de las letras, del propio Fuentes, testimonios y fotografías. Es la biografía del espacio de conocimiento, belleza y sabiduría que constituye la Antigua Madero Librería, un auténtico oasis capitalino.


A la vuelta, en San Jerónimo 24, está el Zéfiro, restaurante-escuela de la Universidad del Claustro de Sor Juana. El bello espacio neoclásico fue la celda conventual de la marquesa de Selva Nevada y es obra de Manuel Tolsá.


Los martes aparece en la carta un platillo regional muy especial, que dura un mes y diario le ofrecen un sabroso menú de cuatro tiempos.

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lunes, 4 de julio de 2022

La Ciudad de México en el Tiempo: Tlalpan/San Antonio Abad

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miércoles, 6 de octubre de 2021

La Victoria y La Derrota

Estas palabras opuestas o antónimos, dan lugar a una nueva entrada en este blog. Y más allá de cuestiones lingüísticas, La Victoria hace referencia a la fábrica de hilados y tejidos de lana que estuvo en la esquina de las calles de La Viga y Taller, donde hoy día está la Bodega Aurrerá. Y La Derrota, por su parte, fue una cantina que se ubicó en contra esquina de la primera. Veamos el siguiente mapa para ubicarnos: 



Ubicación de la fábrica La Victoria (al centro) en 1901. San Antonio Abad al noroeste. Memoria de Hacienda y Crédito Público correspondiente al año económico de primero de julio de 1900 a 30 de junio de 1901, presentada por el Secretario de Hacienda al Congreso de la Unión, México, Tipografía de la Oficina Impresora de Estampillas, Palacio Nacional, 1902, pp. 306-309.


No podemos seguir adelante sin antes dar el crédito correspondiente a José Gustavo Becerril Montero, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, autor del texto La Fábrica de hilados y tejidos de lana La Victoriapublicado en el Boletín de Monumentos Históricos, tercera época, núm. 25, mayo-agosto de 2012. La mayoría de las referencias, imágenes y mapas provienen de esta publicación.

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viernes, 23 de octubre de 2020

Doña Isabel de Moctezuma: "Madre real del mestizaje"


La princesa Ichcaxóchitl Tecuichpo era la hija mayor y predilecta del noveno emperador mexica, Moctezuma Xocoyotzin, quien gobernó de 1502 1520, y de Tayhualcan, o Tecalco, hija de Totoquíhuatl, rey de Tlacopan (Tacuba). Su nombre nahua Tecuichpotzin viene de teuctli (señor, gobernante) e ichpochtli (doncella, virgen). A veces se le agrega el sufijo reverencial -tzin, Tecuichpo significa, pues, hija del señor, princesa, lo cual parece más un título que un nombre. Su nombre Ichcaxóchitl viene de ichcatl (algodón) y xochitl (flor: flor de algodón). El significado no cambia mucho escribiendo Iztaxóchitl; izlac es blanco, lo cual se traduce como flor blanca. También se le conoce como Miahuaxóchitl: flor de caña de maíz.





El párrafo introductorio es de Rodrígo Martínez y está publicado en la Revista de la Universidad de México

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martes, 17 de marzo de 2020

Héctor Mancilla López 

(24 de octubre de 1953-16 de marzo de 2020


In memoriam


El Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco queremos comunicar, con profundo pesar, a los vecinos de la Colonia Vista Alegre, de los barrios circundantes como Paulino Navarro, Asturias, Tránsito, Obrera y otros, que nuestro amigo y compañero, Héctor Mancilla López, falleció el día de ayer. 


Nos sentimos muy tristes por su partida. 


Todo tiene su origen 


Corría el mes de junio de 2007, cuando a propuesta de Armando Porraz, quien estaba a cargo de las exposiciones de arte en la Casa de Cultura Alfonso Reyes de la Colonia Vista Alegre, nos hiciera la invitación a un grupo de vecinos del barrio, para la conformación de una organización vecinal que pudiera "recuperar la memoria histórica del Barrio de San Francisco Tultenco y su zona de influencia”. 

Allí nació el Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco.

Los interesados fuimos los siguientes: Héctor Mancilla López y su esposa Rebeca Díaz Ziehl, Jorge Alvarado Granados y Juan Carlos Rangel Cárdenas. Este fue el núcleo del grupo, a los que habrían de sumarse parientes y vecinos del barrio.


Empezamos por reunirnos los días sábado a las 10 de la mañana en la Casa de Cultura. 





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domingo, 23 de junio de 2019

El lago de Zumpango

Ángeles González Gamio




A
la llegada de los españoles en la cuenca de México había cinco lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan, que se alimentaban de otros menores situados a mayor altura y de varios ríos. A su vera se establecieron alrededor de 40 ciudades, la última fue México-Tenochtitlan, que se fundó en unos islotes en medio de los lagos. Esta vasta red de agua permitió el desarrollo de vías fluviales que comunicaban las distintas regiones, propiciando una rica vida comercial.
Ha sido común referirnos al territorio que hoy constituye la Ciudad de México y la zona conurbada como el Valle de México. En realidad es una cuenca que aloja cuatro valles: México, Cuautitlán, Apan y Pachuca. Algunos de ellos están separados por montañas y sierras.
Este sistema montañoso, según los especialistas, comenzó a formarse en el Eoceno, cuando el territorio que ahora llamamos México emergió del mar y se inició un vigoroso proceso volcánico y tectónico. Este habría de conformar, al paso de los siglos, esa prodigiosa cuenca que se alimentaba por el agua de 45 ríos, 14 de ellos perennes que bajaban de las sierras que la rodeaban, de manantiales y de la abundante agua que cae del cielo.
Al poco tiempo de que los conquistadores levantaron su ciudad sobre los vestigios de Tenochtitlan, ignorantes de las habilidades necesarias para convivir en un medio lacustre, padecieron inundaciones que los llevaron desde el siglo XVI a tratar de sacar el agua de los lagos.
El devastador proceso continuó en el México independiente. En la actualidad, el único remanente de los cinco grandes lagos es el de Zumpango. El de Texcoco se desecó por completo.
En los años 60 del pasado siglo el ingeniero Nabor Carrillo realizó un proyecto para recuperar el antiguo lago. Se inició con un plan piloto que abarca mil 680 hectáreas, que constituyen 16 por ciento de las 10 mil que abarca en su totalidad la zona federal del vaso de Texcoco. El lago artificial resultó muy benéfico para el medio ambiente de la Ciudad de México, ya que, entre otras consecuencias, terminó con las tolvaneras que azotaban cada año a la urbe. 
Por esa razón, el proyecto del nuevo aeropuerto que se canceló (NAIM) preveía la preservación del lago Nabor Carrillo, así como la creación de varios humedales para ampliar la zona de mitigación.
El aeropuerto que se proyecta en Santa Lucía queda muy cerca del lago de Zumpango, que como mencionamos líneas arriba es prácticamente el único que sobrevive de los originales (hay pequeños lagos en Tláhuac y Xochimilco). Ambientalmente hablando en la actualidad es el cuerpo de agua más importante del Valle de México. Parte de la que se almacena en la laguna de Zumpango es usada para riego agrícola.
De acuerdo con Patricia Ramírez Bastida, bióloga especialista de la UNAM, la cercanía con Santa Lucía pone en riesgo 114 especies endémicas y migratorias, entre ellas patos, gallaretas, garzas, pelícanos y gaviotas.
La investigadora con su equipo ha registrado más de 260 mil ejemplares que vuelan en la zona. Esto indudablemente pondría en peligro las operaciones aéreas. En el lago artificial Nabor Carrillo de Texcoco, lo máximo que llegan a sobrevolar los alrededores son menos de 150 mil aves.
Explica que la dinámica de aves es muy diferente en ambos sitios; pone como ejemplo los iris: aves que salen al amanecer a los campos de cultivo de las cercanías y en la tarde regresan por miles a descansar. En Texcoco se han avistado 50 mil iris, mientras en Zumpango hay parvadas de entre 300 mil y 400 mil ejemplares.
Confiamos que esta situación la estén tomando en consideración quienes llevan a cabo los estudios para el nuevo aeropuerto en Santa Lucía.
Vale la pena darse una vuelta al lago de Zumpango; el fin de semana, en sus márgenes, se establecen comerciantes de comida típica y artesanías. Le pueden preparar un sabroso pescado recién sacado del agua. Hay un paseo en lancha a visitar el islote de San Pedro. Entre semana lo disfruta en solitario; una agradable experiencia que lo traslada al México prehispánico.

Más información en: https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1363

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La Colección: “Memorias del Barrio de Tultenco” está planeada para la publicación de fascículos temáticos en los que se abordarán:
• Los personajes ilustres que dan nombre a las calles del Barrio de Tultenco;
• La historia de su fundación y desarrollo urbano;
• El patrimonio edificado;
• El patrimonio inmaterial;
• Los relatos de nuestros vecinos;
• Personajes inolvidables del Barrio;
• Memoria visual (imágenes antiguas y contemporáneas)

Colección Memorias: Fascículo 2

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Fascículo 2: Crónicas del Barrio

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