LA(S) LEYENDA(S) DE LA "LA MANITA"
Caminar por el Centro Histórico es siempre una aventura para recordar la historia y las leyendas que se fueron fraguando a través del tiempo en la capital de nuestro país. Visitar el Primer Cuadro de la ciudad es como subirse a una máquina del tiempo y poder recorrer días, decenas, centenas y hasta miles de años hacia el pasado. En esta ocasión los invito a conocer un lugar muy singular.
Lo primero que vamos a hacer es ubicarnos en el costado sur de la Suprema Corte de Justicia (calle de José Ma. Pino Suárez y Venustiano Carranza), para de ahí caminar hacia el oriente, por la calle de Venustiano Carranza. Al llegar a la Plaza Alonso García Bravo (nombrada así en memoria del alarife que realizó el trazo primitivo de la Ciudad de México), veremos frente a nosotros el edificio en el que se encuentra, bajo la hornacina, la escultura de una mano clavada que, debido al nombre de una antigua fábrica de chocolates, fue bautizada como "La Manita".
Impresión de pantalla: "La Manita" (acercamiento).
Primera. Durante muchos años, La Casa de la Manita estuvo habitada por una pareja de comerciantes. Se cuenta que la esposa tenía un amante y que, para complacerlo, sustraía parte del dinero del negocio de su esposo. Finalmente se enteró del engaño de su mujer y que, para darle un escarmiento, le corto una mano. Posteriormente, la hizo esculpir en piedra en la fachada, para que la mujer nunca olvidara su traición.
Segunda. La versión más difundida dice que un grupo de ladrones se aventuró a robar las joyas sagradas del convento de los frailes Mercedarios, el cual estaba justo enfrente del edificio en cuestión. Según se dice, uno de ellos comenzó a derrochar el dinero que ganó llamando la atención de las autoridades. Después de un tiempo, lo atraparon y lo enjuiciaron. Antes de ejecutarlo, le cortaron la mano y la clavaron en un muro aledaño al templo. Debido a la exposición prolongada la carne se secó y se descompuso, por lo que la sustituyeron por una mano de bronce. Sin embargo, esta fue robada, así que el dueño de La Casa de la Manita de La Merced tuvo que inmortalizar el hecho en la fachada de su inmueble.