jueves, 5 de mayo de 2011

Todo listo para el 76 aniversario de la Colonia Vista Alegre

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sábado, 9 de abril de 2011

Imágenes del embarcadero

Calle de Roldán y Venustiano Carranza
Calle de Roldán y Regina
Calle de Roldán
Una mañana de escasa actividad en el Embarcadero.


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jueves, 7 de abril de 2011

Resuelto el Enigma del Paseo y Canal de la Viga

En la parte gráfica de esta aplicación podemos entender, finalmente, lo que fue el Canal de la Viga. El Canal como una vía de comercio y como una ruta de tránsito acuífero. Y el Paseo de la Viga, como un lugar de esparcimiento de la naciente sociedad que de manera imperceptible urbanizaba la Ciudad de México. Los confines del Centro Histórico crecían más allá de lo esperado. Aquí presentamos el viejo casco de la ciudad en su parte oriente. Allí , en la calle de Roldán, estaba el embarcadero o centro de distribución  que diariamente daba de comer a la afanosa Ciudad de México (ver aquí).




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sábado, 19 de marzo de 2011

Viable, devolver las aguas cristalinas al río Ameca





En esta entrada damos la palabra al doctor Jorge Legorreta* quien ha sido jefe de la Delegación Cuautémoc, y nos presenta en un artículo publicado en el diario La jornada,** una propuesta para darle vida al río Ameca y al Canal de la Viga.

* * *
Esta crónica histórica retoma y se une a las actuales propuestas para recuperar uno de muchos ríos de la ciudad convertidos actualmente en drenaje de aguas negras. Se trata de uno de los más extensos ríos, dividido en tres tramos con sus respectivos nombres: el primero era canal de la Viga, en la sección ya entubada, que iba desde los embarcaderos de San Lázaro y Roldán hasta Mexicaltzingo (hoy Ermita con la Viga); el segundo es canal Nacional-canal de Chalco y se extiende de este último punto hasta Mixquic; el tercero es Río Ameca y llega hasta las partes bajas del volcán Iztaccíhualt. Este último, el más largo de los tres, aún puede recuperarse. He aquí nuestra propuesta.

El Canal de la Viga, convertido en calzada

Después de varios siglos de existencia, el más esplendoroso canal que unió Chalco con el centro de la ciudad de México fue convertido, entre 1934 y 1940, en una simple calzada. Durante todo el siglo XIX y principios del XX, en medio de una abundante superficie de agua que rodeaba la ciudad existió un canal llamado de la Viga que unió los lagos de Xochimilco y Chalco con un puerto... en San Lázaro, sí en San Lázaro, donde hoy se encuentra nuestra honorable y aguerrida Cámara de Diputados. Las mejores referencias literarias del canal son, sin duda, los capítulos 29, 30 y 36 de la novela Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, aunque también abundan crónicas de innumerables escritores mexicanos y extranjeros, como Alejandro de Humboldt, Guillermo Prieto, Marquesa Calderón de la Barca, Manuel Orozco y Berra, Paula Kollonitz, Manuel Ribera Cambas, Manuel Altamirano, Luis González Obregón, Antonio García Cubas y Artemio de Valle Arizpe, entre muchos otros.
Muchos años antes, y durante los mismos tiempos de la Ilustración, el citado Segundo Conde de Revillagigedo habría mandado construir al lado del canal de la Viga un hermoso paseo con dos caminos: uno para caballos y otro para caminantes. Dicho canal, que es en realidad un extenso río proveniente de Amecameca, poblado al pie del Ixtaccíhuatl, concluía entonces hasta el Zócalo, en una acequia que engalanaba el edificio del Ayuntamiento. (Ver video “Contaminación de los ríos: caso Amecameca”, recuperado: 21-jul-2010: http://www.youtube.com/watch?v=x0KB_JQ-Tmw ver min. 3:03)
El canal de la Viga alcanzó su esplendor a mediados del siglo XIX cuando se intentó, sin éxito, convertirlo en un canal de navegación fluvial con barcos de vapor. Todavía durante los primeros años del siglo XX, miles y miles de canoas transportaban toneladas de mercancías hasta el centro de la ciudad, provenientes de las “tierras calientes” de Veracruz, Puebla y Morelos; les acompañaban decenas de pasajeros que de Chalco pasaban por Xochimilco, Mexicalcingo, Ixtacalco, Santa Anita, Jamaica, Roldán y finalmente San Lázaro. El canal de la Viga fue entubado exclusivamente en su tramo de 10 kilómetros, que va de la actual calzada Ermita Ixtapalapa a Corregidora, en el Centro Histórico; y decimos “exclusivamente”, porque aún se conservan abiertos 62 kilómetros que van de Ermita Ixtapalapa a las faldas del Ixtaccíhuatl.

La propuesta inicial

El autor de este artículo hace nueve años y decía: “La ciudad puede contar nuevamente con un río limpio. Se trata del río Ameca que nace en las faldas del Ixtaccíhuatl y cuyo cauce concluía en la acequia del Zócalo capitalino. De sus 72 kilómetros, sólo el tramo correspondiente al canal de la Viga fue entubado hacia 1930, pero el resto permanece abierto, la mayor parte con aguas negras y en una porción mínima se realizaron hace años trabajos de recuperación por el Departamento del Distrito Federal. Para ello -decíamos- se requiere construir pequeñas plantas de tratamiento y drenajes paralelos para eliminar las descargas residuales en Amecameca, Tenango del Aire y Temamatla; las descargas residuales podrían ‘entubarse’ en un conducto subterráneo debajo del mismo cauce del río para liberarlo de agua negra y dejar que las aguas cristalinas que descienden del Iztaccíhuatl vuelvan a su cauce.
“En la calzada de la Viga habría que construir un canal no profundo a lo largo del camellón de la actual calzada de la Viga, y continuarlo por Roldán hasta la acequia de Corregidora, al lado del Palacio Nacional” (La Jornada “Un río limpio para la ciudad?”, 7 de febrero, 1997, pág. 32).

El canal Nacional, esfuerzos realizados

En efecto, para ese entonces, el antiguo Departamento del Distrito Federal había rescatado una parte mínima del cauce cercano al Parque Ecológico de Xochimilco, ahí denominado canal Nacional. El agua tratada utilizada provenía de la planta de tratamiento del cerro de la Estrella. Años después, en 1998, y durante la administración del delegado Elio Villaseñor y con el apoyo de algunos cronistas de Iztapalapa, como don Jorge de León Rivera, se rescató el tramo del eje 3 Oriente hasta la avenida Santa Ana; se construyó un drenaje paralelo al cauce de 800 metros y un corredor para deportistas. Con estas incipientes obras, en 2000, la delegación de Ixtacalco hizo pública la propuesta de edificar en un tramo del camellón de la calzada de la Viga un canal artificial con agua tratada. Sin embargo, este proyecto no pasó del papel. A partir de 2002, la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana se sumó a los esfuerzos por la recuperación del canal Nacional al comenzar, en el ámbito académico, la elaboración de un proyecto. Se sabe que también existen esfuerzos provenientes de algunas organizaciones gremiales de arquitectos. Por último, celebramos que el actual jefe sustituto del Gobierno del Distrito Federal, licenciado Alejandro Encinas, haya anunciado como parte de sus próximas acciones prioritarias la recuperación de una parte del canal Nacional.

Posible, la restauración

Durante el tercer Congreso de Cronistas, que tuvo lugar entre el 24 y 26 de noviembre de 2004 en el Museo de la Ciudad de México, reiteramos la propuesta de restaurar la totalidad del río Ameca y construir un canal artificial sobre una parte del canal de la Viga, como se ha hecho con ríos abandonados en otras grandes ciudades del mundo. Para ello -se insistió- es indispensable construir un drenaje bajo el cauce del río Ameca con la finalidad de llevar por ese conducto las descargas residuales que se vierten sobre sus aguas y, una vez saneado el cauce, canalizar el agua de los deslaves de los volcanes complementada con el agua tratada de la planta del cerro de la Estrella.
En algunos tramos del camellón de la calzada de la Viga habría que construir un canal de cinco metros de ancho que devuelva parte del paisaje lacustre perdido y a sus lados edificar áreas verdes, recreativas y gastronómicas.
Para responder las justificadas dudas sobre la viabilidad del proyecto, sólo habrá que conocer la recuperación del río de San Antonio, Texas, que consiste en un simple canal de concreto de siete metros de ancho y dos de profundidad; tal obra representa una de las más importantes fuentes de divisas de esa antigua ciudad mexicana. Por otra parte, y guardando las dimensiones, los ríos recuperados que atraviesan París y Roma son hoy modernos canales de concreto.
Hacer realidad este anhelo ciudadano sólo requiere de las decisiones para destinar a ello una pequeña parte de los millonarios presupuestos públicos y financiamientos privados. Un río de agua limpia y cristalina para la ciudad recuperaría nuestra memoria histórica, aprovecharía el agua y fortalecería nuestra relación con la naturaleza.
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* El arquitecto Jorge Legorreta, especialista en Planeación Urbana, maestro en sociología y doctor en urbanismo, nos habla del libro Ríos, lagos y manantiales del Valle de México y de la exposición “Transformación lacustre de la Cuenca de México, siglos XVI al XXI”.
** Para consultar este texto en La Jornada:
http://www.jornada.unam.mx/2005/11/27/a02n1cul.p
En la liga que anexamos para que nuestros lectores puedan escuchar una entrevista que le hicieron en el Instituto Mexicano de la Radio.
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Imagen 1: Litografía de la Garita, el embarcadero y el Canal de la Viga.
Imagen 2: Trajineras en el Canal de la Viga.
Imagen 3: Canal y embarcadero de Roldán.
Imagen 4: Río Ameca, diario La Jornada.

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La única esperanza: Vuelta a la ciudad lacustre




En el número 1793 de la revista Proceso, el maestro José Emilio Pacheco, premio Cervantes 2010, nos habla "de la violencia ciega que amenaza con destruirlo todo (y) nadie incluye la desolación y la desesperanza que engendra vivir, sobrevivir, en un lugar donde toda fealdad tiene su asiento", se refiere con tristeza a la Ciudad de México. Sin embargo dice que hay una esperanza: volver a la ciudad de los lagos.

Nos dice que "cinco siglos de lucha contra el agua han dado su fruto amargo... Nadie puede creer que en el horror actual hubo lagos y ríos. Hoy los cuadros de José María Velasco (ver arriba) y los otros pintores del paisaje se dirían productos de la imaginación".

Pacheco señala que "parece literatura fantástica leer que la capital tuvo un puerto, San Lázaro (foto 2, ver liga***); que el presidente Juárez se halló en peligro de ahogarse al zozobrar el vapor que lo conducía a Texcoco; o que hay una carta de Pedro Henríquez Ureña en que narra a su joven amigo Alfonso Reyes su travesía en lancha del Zócalo a Xochimilco".

José Emilio Pacheco da cuenta del viejo proyecto, el Proyecto Texcoco que diseñó el ingeniero Nabor Carrillo Flores, rector de la UNAM (1953-1961), y hermano de Antonio Carrillo Flores (Secretario de Hacienda entre 1952 y 1958). Fue el arquitecto Teodoro González de León, miembro de El Colegio Nacional y creador de El Colegio de México, la Universidad Pedagógica Nacional y el Fondo de Cultura Económica, entre muchas otras obras, quien formuló a partir del proyecto de Nabor Carrillo, la propuesta para resolver los tres problemas capitales de la ciudad: "evitar las inundaciones, satisfacer el abastecimiento de aguas sin recurrir a otras cuencas y frenar el hundimiento de la ciudad".

Para nuestra desgracia -dice Pacheco- el proyecto Texcoco fue sustituido por una obra totalmente opuesta a la cual se aplicaron todos los recursos: "el Drenaje Profundo que deja escapar 90 por ciento del agua penosamente subida a un valle a 2 mil metros de altura".

Para Pacheco "hoy más que nunca es necesario revivir el gran plan de los lagos. La mancha urbana invadió el vaso de Chalco, una y otra vez anegado por las aguas negras, pero quedan huecos suficientes para la reinvención de la ciudad lacustre". Como sabemos, muchas veces la política va en contra de las propuestas de nuestros científicos y artistas. ¿Podríamos convivir con lagos pequeños, limpios, que reciclaran el agua de las lluvias y aquella que desperdiciamos brutalmente? ¿Podríamos vivificar la salud de la ciudad en cuanto a agua y aire?

En nuestra próxima entrada daremos la palabra a una vieja propuesta del arquitecto Jorge Legorreta, exjefe de la delegación Cuauhtémoc quien propuso recuperar el río Ameca y el canal de la Viga.
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Imagen 1: Camino a Chalco con los volcanes -José Ma. Velasco, 1891- en RedEscolar. A la izquierda el lago de Texcoco y al centro a la derecha el lago de Chalco.
Imagen 2: Una reconstrucción sobre un mapa de Google del canal de Roldán, la acequia, y el Puerto de San Lázaro.
*** Ver liga: Los Bandidos de Río Frío de Manuel Payno:

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viernes, 11 de marzo de 2011

Nota biográfica del General Paulino Navarro Serrano


Nació en Autlán en el año 1892, donde cursó la instrucción primaria en la Escuela Elemental y Superior para Niños dirigida por la ameritada maestra María Mares Germán.


De cuna humilde, trabajó como mozo en casa del doctor Alfredo Uribe, de donde se separó para ayudar a su hermana Lucía en sus labores como maestra en el Instituto del Sagrado Corazón del padre Manuel C. Silva y dedicando los sábados y domingos a la zapatería.


Luego fue maestro del propio Instituto del Sagrado Corazón, pasando enseguida, también como maestro, a la escuela oficial de la que era directora la profesora María Mares.


Posteriormente partió a Cuautitlán, donde continuó con el magisterio, de ahí se trasladó a Colima, cursando la carrera de maestro normalista en la escuela Porfirio Díaz, donde se titula pero, estando allá, abraza la carrera de las armas sentando plaza como pagador del regimiento.


Cuando la lucha revolucionaria se ubicó en el norte del país se encontraron en acciones de armas Paulino Navarro y Marcelino García Barragán; Paulino conocía la trayectoria de su paisano y lo convenció de que formalizara su carrera en el Colegio Militar.


En Ciudad Juárez fungió como jefe del Servicio Aduanal, entre tanto fue ganando ascensos y, ya siendo brigadier, fue destinado a la ciudad de México como comandante militar de la plaza.


Habiendo estallado la rebelión delahuertista fue enviado a Jalisco bajo las órdenes del general Lázaro Cárdenas del Río a combatir la infidencia encabezada aquí por el jefe de las operaciones militares en el estado, general Enrique Estrada.


Con una fuerza numéricamente inferior, las fuerzas leales trabaron combate con las rebeldes, al mando del general Rafael Buelna, en el puertecito de Huejotitlán, cerca de Teocuitatlán de Corona. En esta acción murió heroicamente el general Paulino Navarro al asaltar un nido de ametralladoras enemigas el 23 de diciembre de 1923.


En su honor al haber muerto en defensa del gobierno legítimamente constituido el otrora Autlán de la Grana, desde el decreto del Honorable Congreso del estado de Jalisco del 19 de julio de 1939, ostenta el nombre de Autlán de Navarro.


Una escuela primaria, una colonia, dos calles y el parque conocido como Alameda, en Autlán, llevan su nombre. Además, en el barrio de Tultenco de la ciudad de México existe una colonia llamada Paulino Navarro y el mercado municipal de Ciudad Guzmán también lleva el nombre de este personaje.

Texto tomado del libro Ciudadanos distinguidos de Autlán.

Reproducimos fielmente el texto del blog CulturAutlán de Guillermo Tovar Vázquez.








  • Foto 1: Escultura en bronce del general revolucionario Paulino Navarro (1892-19 de julio de 1939) Para leer su biografía haga clic aquí.
  • Foto 2: Calle Paulino Navarro en Autlán, Jalisco.
  • Foto 3: Escuela Primaria "Paulino Navarro".
  • Foto 4: Placa conmemorativa de la inauguración de la escuela primaria (11 de diciembre de 1960).
Las fotos son de Guillermo Tovar Vázquez, a quien le enviamos un afectuoso saludo y nuestro agradecimiento, desde el Barrio de Tultenco.

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De la Colonia Paulino Navarro, DF... para Autlán de Navarro, Jalisco

Fue gracias a la red que pudimos establecer contacto Guillermo Tovar Vázquez, autlense y bloguero, y un servidor, editor de la bitácora electrónica del Barrio de Tultenco.

Este ha sido nuestro intercambio vía correo. Nuestro primer contacto se dio por medio de un comentario de Guillermo en este blog en el que nos preguntaba:

GTV: ¿Sabe alguien si la colonia Paulino Navarro lleva ese nombre en honor de un militar revolucionario originario originario de Jalisco. Yo soy de Autlán de Navarro lugar donde nació el personaje que comento y no sabía que en el DF existiera una colonia con su nombre. Saludos.

JCR: Hola Guillermo: En efecto en la delegación Cuauhtémoc (la más céntrica del DF) existe una colonia con el nombre de Paulino Navarro. Es una colonia pequeña vecina de la Vista Alegre. Ambas comparten lo que alguna vez fue una islilla en el lago de México-Tenochtitlan.
Para mayor información puedes leer sobre sus orígenes.



Por cierto, mucho te agradecería nos enviaras cualquier información relacionada con Paulino Navarro.
Gracias por visitar el blog.

GTV: Hola, Juan Carlos:
Te envío una liga a mi blog, donde publiqué una breve biografía de Paulino Navarro


Autlán desde 1939 se llama Autlán de Navarro en honor a él, además de que varios lugares aquí llevan su nombre. En otro correo te mandaré fotos de monumentos y placas alusivas a este personaje, por si te sirven de algo.
Saludos y gracias por contestar.

JCR: Caray, Guillermo:
Esta es una de las cosas por las cuales agradecer a Internet: la posibilidad de contactar y conectar con gente que a veces está haciendo algo parecido a lo que uno hace. Te pido tu autorización para la publicar la información que tienes en tu blog. Por supuesto que haremos la correspondiente referencia de tu trabajo.
Muchas gracias y quedamos en espera de tus imágenes y de tu autorización para la publicación de tus textos. Por cierto hace mucho pasé por Autlán y se me hizo un lugar encantador. Recuerdo haber tomado una deliciosa bebida que no olvido: agua de coco fermentada a la que se agregaba los granos de la granada y cacahuate molido.
Muchas gracias y un abrazo desde la ciudad de México.

GTV: Claro que puedes usar la información de Culturautlán. Esta semana te mando algunas fotos, nada más déjame hacerme un espacio para ir a tomar las de la escuela y la Alameda.
La bebida que mencionas es la llamada tuba. Es típica del Occidente de México, aunque es más común en el estado de Colima. Aquí en Autlán todavía hay un par de señores que la preparan y la venden; sobra decir que es deliciosa en el calorcito del verano costeño.
Coincido contigo en el agradecimiento al Internet; sin él no me hubiera dado cuenta de que allá en la capital también está presente el nombre de este autlense.
Seguimos en contacto, próximamente "presumiré" en mi blog el hallazgo de la colonia Paulino Navarro con una liga a tu blog.
Saludos.

GTV: Por fin te envío las fotos de lo que hay en Autlán referente a Paulino Navarro. También descubrí que el mercado municipal de Ciudad Guzmán, en el sur de Jalisco, lleva el nombre de este personaje.
Saludos

* * *

Estos han sido los correos que hemos intercambiado. Y pues ahora subo las fotos para darlas a conocer a los vecinos del Barrio de Tultenco. (A partir de ahora pongo la liga permanente al blog de Guillermo Tovar Vázquez: Culturautlán.




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lunes, 7 de marzo de 2011

El Huarache de Jamaica




Doy cuenta a todos los lectores del vínculo que estamos por establecer con una institución en lo que se refiere a comida popular y que es conocida y reconocida por mucha gente en el Distrito Federal: El Huarache de Jamaica (Torno 166, col. Artes Gráficas). Esta es la primera comunicación que tuvimos vía correo electrónico el Sr. Francisco Estrada Reyes y un servidor. A continuación nuestro primer mensaje.

Estimado profesor Rangel:

Soy Francisco Estrada Reyes, estoy investigando la historia del barrio de jamaica y el canal de la viga para un trabajo que estamos desarrollando en El Huarache de Jamaica, una cadena de restaurantes típicos que seguramente usted conocerá siendo vecino.

He leído su página Amigos del barrio de Tultenco y me interesa mucho ponerme en contacto con usted para intercambiar información que pueda sernos útil en el trabajo que ambos realizamos.

Agradeceré en todo lo que vale, la posibilidad de lo anterior para lo cual pongo a sus órdenes (en el teléfono tal) y el correo electrónico que encabeza el presente.

En espera de sus noticias, le envío un cordial saludo.

Francisco Estrada Reyes
Mercadotecnia
El Huarache de Jamaica


Respuesta

Hola Francisco:

Pues sí, en efecto, soy cliente de El Huarache de Jamaica desde hace muchos años. Y junto con algunos otros vecinos de la zona hemos venido realizando una investigación que esperamos sea valiosa para los habitantes de las colonias que se hayan ligadas al mercado de Jamaica y al Canal de la Viga.
Así que pues tú dices.

Este es mi correo y estoy a tus órdenes. Yo vivo muy cerca del Huarache, en la colonia Vista Alegre, que precisamente queda al otro lado de la Viga.

Te mando un saludo cordial y a ver que podemos hacer para este intercambio de información.

* * *

Bueno, pues les cuento que Francisco (ya nos hablamos de tú, como buenos vecinos y camaradas) y su servidor tuvimos ya un primer encuentro. De él parte la propuesta de recuperar la historia de este insigne sitio, desde sus orígenes hasta el presente. Visité sus oficinas que se ubican en la parte superior de El Huarache de Jamaica, y por su conducto me enteré -en una visión ráfaga- de esta fascinante historia ligada a todos los que vivimos por el rumbo. Ahora comienza a quedarme clara la historia de los orígenes de este bocadillo de origen prehispánico: es cierto, no es un tlacoyo, tampoco es un sope, se le puede llamar garnacha, pero el nombre de Huarache es una creación de su fundadora Doña Carmen Gómez, originaria de Milpa Alta, que llegó a las inmediaciones de Jamaica allá en los años 30, cuando el Mercado de Jamaica estaba aún sobre el Canal de la Viga.

Tenemos que reunirnos para planificar cómo podemos recrear y darle vida a esta historia. No le dije a Francisco, pero ahora lo recuerdo, las veces que después de una francachela, estuvimos contemplando desde las 6 de la mañana toda la labor que se hacía y se hace para deleitar a los comensales que llegan al Huarache: colocar y prender el carbón del gran comal, amasar la masa, preparar el frijol, bajar las sillas y bancos de las mesas, colocar servilletas en los despachadores, preparar las salsas y el café de olla, hacer el consomé de menudencias de carnero (¡una verdadera delicia!), llenar los refrigeradores de refrescos y cervezas, dejar el lugar limpio y atractivo para los clientes.

Por fin entrábamos a las 8 de la mañana a pedir nuestro delicioso Huarache con costilla o sin ella, con una rica salsa roja y/o verde que se freía junto con el huarache, y una cerveza toda sudada, bien fría. Las horas y minutos de espera tenían su recompensa.

Esta historia, continuará...

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lunes, 14 de febrero de 2011

El roooock del "Chicharito"

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sábado, 15 de enero de 2011

La Alameda tomada en globo - Casimiro Castro




Vista de la Alameda de México tomada en globo

Habéis pensado alguna vez, en lo que debe experimentar un aeronauta, en el instante de desprenderse de la tierra, arrebatado por el globo? Es una sensación extraña, desagradable: la idea de sentirse uno aislado en medio del espacio, hace contraer todos los nervios; el rápido movimiento de los objetos, que se hunden y alejan de la vista, causa mareo: es un verdadero vértigo. Pero en cambio, ¡cuán imponente, cuán magnífico, cuán espléndido, es el espectáculo que se presenta ante la vista del viajero, pasado aquel primer momento! El lenguaje humano carece de expresiones para pintar lo que el alma siente al contemplar de pronto un horizonte sin límites, al ver sobre la cabeza un cielo sin nubes, y á sus plantas la tierra, que ostenta sus galas como en un inmenso panorama. ¡Un grito de admiración y de asombro se arranca entonces del pecho!

Era una mañana de primavera, una de esas mañanas en que el cielo de México, siempre límpido y puro, ostenta un azul admirable; el sol se elevaba lentamente hacia el zenit, y soplaba una brisa apacible, cargada con el perfume de las flores, que infundía cierta voluptuosa languidez en los pechos que la respiraban.

¿Os contaré los preparativos para una ascensión aerostática? ¿Os referiré los temores, que no pueden menos de asaltar al corazón del que va a emprender el viaje? ¿Pero, de qué os servirá esto? Ante un espectáculo que ocupa la imaginación entera, las pequeñeces desaparecen como las manchas en el sol.

Figuraos de pronto, en la frágil navecilla de mimbres, en medio de los aires. Ved: ahí bajo vuestras plantas tenéis la Alameda, el más bello y majestuoso paseo de México. Es un bosque simétricamente dispuesto, con fresnos, álamos, sauces y otros árboles, que ofrecen un conjunto verdaderamente hermoso.

Mirad: desde el punto en que estamos percibís algunas de las fuentes y varías calles. ¿No es verdad, que la Alameda es un paseo lindísimo, en el cual se goza de dulce frescura, de grata calma y de silencio apacible, apenas turbado en las horas calurosas del día, por el melancólico arrullo de la tórtola amorosa? ¿No es verdad, que muchas veces, cuando vuestro corazón agitado necesita de la soledad, habéis venido á pasearos por algunas de esas calles adonde no penetran los rayos del sol, y habéis hallado consuelo?

¡Oh! ¡si fijáis vuestra mirada en este sitio, á la hora en que el sol comienza á dorar las copas de los árboles, veréis sus calles cubiertas de hermosas jóvenes, de señoras de todas clases, que en traje matinal vienen á respirar el aire puro: más tarde, encontraréis el paseo desierto, silencioso, a propósito para meditar: por la tarde, la escena cambia; los niños invaden con sus juegos infantiles los prados y jardines; multitud de personas discurren por las calles, y los coches y briosos corceles atraviesan por el lugar propio para su paso, levantando nubes de polvo!

A vuestra derecha, tenéis las calles de la Maríscala, San Juan de Dios y San Hipólito, que han quedado tan amplios y hermosas con la destrucción del acueducto que antes llegaba hasta la esquina de aquella y la de San Andrés. Esta medida de ornato se debe al ayuntamiento de 1851 y 1852. Con el tiempo, cuando estas calles estén bien empedradas, lo cual ha comenzado á hacerse ya, y cuando nuevos edificios sustituyan á los antiguos que ahora existen, serán evidentemente las más bellas de la capital.

Fijando la vista á nuestra izquierda, encontramos las calles de Corpus-Christi y Calvario, que son harto notables. Esta serie de calles que desembocan en el paseo de Bucareli, se extienden rectas y acordonadas hasta la plaza mayor de México, ofreciendo á ambos lados una serie de edificios muy bellos, como la Acordada, Hospicio de pobres, San Francisco, Casa de Azulejos, Hotel de las Diligencias Generales (en otro tiempo Casa del Emperador Iturbide), la Casa Antigua de Correos, la que es propiedad del Sr. Soriano, y otras. Estas calles que son, puede decirse, las más centrales de México, se ven transitadas á todas horas por una multitud inmensa; son también las que el comercio ha escogido de preferencia para ostentar sus tiendas y almacenes de ropa, joyería y efectos de lujo.

A ambos lados de la Alameda, se admiran edificios dignos de llamar la atención; los unos, por su objeto y su antigüedad; los otros, por su belleza. Ahí tenéis en el fondo el convento ó iglesia de San Diego, la capilla del Calvario, y en lontananza, los mil jardines y casas de campo del hermoso barrio de San Cosme. A la derecha están, la iglesia de San Hipólito, célebre por la procesión del pendón real; la casa que fue hospital, servido por las Hermanas de la Caridad, y que actualmente es casa de dementes; hermoso y extenso edificio que merece llamar la atención de los inteligentes, y en el cual se encierran hoy 93 infelices privados del uso de la razón. Más adelante se levantan la cúpula y la torre de San Fernando, asilo de religiosos misioneros, el más respetable de todo México. En las calles de la izquierda, llama las miradas el convento de señoras religiosas de Corpus-Christi.

Siguiendo hacia arriba, después de una serie de casas bastante hermosas, encontramos un edificio, el penúltimo de los de la calle, notable tanto por su majestuosa amplitud y hermosura, como por el objeto á que está destinado: es el Hospicio de Pobres, que fue fundado por el chantre Dr. D. Fernando Ortiz Cortés, y abierto el 19 de Marzo de 1774, para servir de asilo á los huérfanos y menesterosos de ambos sexos. El edificio, como hemos dicho, es suntuoso, y fue edificado á todo costo. En estos últimos años ha sido cortado para formar una de las calles nuevas que sirven para prolongar, las de Rebeldes, Nuevo-México, Alconedo, etc., hasta el paseo de Bucareli.

En el Hospicio, uno de los establecimientos mas filantrópicos que existen en la capital, reciben su educación moral y civil, multitud de niñas y niños desvalidos. Se les dá un trato tan dulce y humano como es posible. Sin que los fondos del establecimiento se graven, hay además de los de primeras letras, clases de geografía, música, canto, baile, bordados, pintura y otros ramos de adorno, y existe un departamento especial donde se alimenta y sostiene á todos los ancianos ó enfermos, que estando imposibilitados de trabajar, recurren á la mendicidad, ejercicio prohibido por las leyes de policía.

Una de las costumbres de México es hacer que los niños del Hospicio, con el traje de la casa, concurran á los entierros de lujo para acompañar con cirios los cadáveres. El establecimiento recibe en estos casos una limosna. Sería de desear, sin embargo, que en vez de esto, se procurase recursos estableciendo talleres, para que los huérfanos aprendiesen un arte útil.

El último edificio, con el cual da fin la calle, es la cárcel nacional, antigua Acordada, cuyo nombre conserva todavía, a pesar de haber desaparecido el tribunal de aquel nombre.

La prisión construida para la custodia de los reos, juzgados por el tribunal mencionado, existe á un lado del edificio actual; pero siendo reducido en demasía para el número de presos, se hizo necesario construir la cárcel que hoy vemos.

Esta comenzó á edificarse dirigida por D. Lorenzo Rodríguez, en un espacio de 66 varas de frente y 70 de fondo, que donó la ciudad el 17 de Julio de 1757, y se estrenó el 14 de Febrero de 1781. El importe de la obra se cubrió con donaciones particulares.

La cárcel nacional, es, sin embargo, muy reducida, para el número de presos de ambos sexos que la ocupan generalmente: así es que, los hombres con especialidad, se ven obligados á dormir en estrechos calabozos, sin ventilación y reunidos en considerable número. Varias veces se ha pensado poner talleres en la cárcel para proporcionar ocupación á los presos; pero este útil pensamiento ha encontrado siempre trabas que no le han permitido pasar de simples y aislados ensayos. Los presos que lo desean, reciben en la cárcel los alimentos necesarios, cuyo gasto es sufragado por las rentas del ayuntamiento. El número de presos anualmente en la Acordada, durante el último quinquenio, ha sido poco más o menos, de 15,000 anuales; de entre los cuales, la mayor parte salen libres, pues es de observarse, según los datos de estadística comparada, que en México la criminalidad es hoy corta. En el mismo edificio está el despacho de los cinco jueces de letras de lo criminal, que administran justicia. Contiguo al edificio, existe el cuartel de la Fuerza de policía, destinada pura la custodia de las prisiones y seguridad pública.

Terminada la calle de que acabamos de hablar, comienza luego el Paseo de Bucareli, más comúnmente llamado Paseo Nuevo.

¡Dios mío! ¡Inspira profunda tristeza contemplar así una ciudad desde lo alto: esa serie de edificios que se desarrollan ante nuestra vista, no parecen más que los monumentos que dejan á su tránsito las generaciones que van pasando!

Mientras que nuestra vista se fijaba en la multitud de edificios que rodean la Alameda, evocando recuerdos en la memoria, el globo había seguido su marcha. Poco á poco los objetos todos se borraron como envueltos en una neblina: el ruido de la ciudad, que llegaba hasta nuestros oídos como el zumbido de un enjambre de abejas, se debilitó y llegó a perderse. (...) Hubo un momento en que al bajar nuestro vista hacia la tierra, percibimos ton solo una inmensa sombra. Estábamos entonces verdaderamente aislados en medio del espacio; era un momento solemne en que el alma mas indiferente no hubiera podido menos de sentir todo el respeto que infunde ese espacio sin fin, verdadero reflejo de la eternidad, que se extendía en torno de nosotros.

Florencio M. del Castillo.

México y sus alrededores, Colección de Vistas Monumentales, Paisajes y Trajes del País (1869), de C. Castro, G. Rodríguez y J. Campillo.

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Artesanos en el Barrio de Tultenco








Fotos de Juan Carlos Rangel

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La cuenca de México





Lago de Texcoco. México-Tenochtitlan se localizaba en la Cuenca de México, entre los 2,270 y los 2,750 msnm, en la parte meridional del Altiplano Mexicano. Tenochtitlan se fundó sobre un islote al occidente del Lago, en el año de 1325.


Las dos primeras imágenes son de la revista Arqueología Mexicana.

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viernes, 14 de enero de 2011

Iglesias del Barrio de Tultenco/San Francisquito

















SAN FRANCISCO DE ASÍS
José Sotero Castañeda 563 y Roa Barcenas
Col. Vista Alegre, C.P. 06860
Del. Cuauhtémoc
Tel. 5233-0153
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Directorio de Templos: Arquidiócesis Primada de México

La capilla de San Francisquito (así llamada por los feligreses) colindaba con este arroyo y con el ferrocarril de San Rafael-Atlixco.
Este bello ejemplar de humilde edificación religiosa era uno de los pocos que conservaban su estilo franciscano primitivo hasta mediados del siglo XX en que fue “modernizado” perdiendo su genuino tipo franciscano muy característico de los primeros tiempos de la dominación española.

Fuente: Jorge Alvarado Granados es Licenciado en Economía por la UNAM, consultor y bibliófilo, nacido en la colonia Vista Alegre. Entre otras actividades se dedica a la cría de Xoloitzcuintles, raza de perros de origen Mesoamericano. Es miembro fundador del Grupo de Amigos del Barrio de Tultenco. Fascículo 2: Crónicas del Barrio.

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sábado, 8 de enero de 2011

El Paseo de la Viga


EL PASEO DE LA VIGA

Nuestros lectores conocen ya el paseo de Bucareli, paseo de la aristocracia, en donde el extranjero que visita la capital, puede formarse una idea exacta del lujo de sus habitantes, al contemplar la doble hilera de ricos y elegantes carruajes, que recorren lentamente el espacio que media entre la plaza de toros y la fuente principal; ahora verán el paseo popular por excelencia, el sitio que aman los pobres, el lugar de recreo, á donde concurre desde el empleado que se avergüenza de ir en coche de alquiler a Bucareli, hasta el jovial y fandanguero lépero, que en compañía nada santa de una o dos chinas, va á gastar en una tarde el producto de una semana entera de trabajo.

El paseo de la Viga, es una de las primeras cosas, después del caballito de Troya (alias) Carlos IV, que van á visitar los fuereños que aciertan á venir á esta Babilonia que llaman México. Es que, el paseo de la Viga, es al propio tiempo un lugar de recreo y un recuerdo; un recuerdo de la antigua Tenochtitlán, surcada de canales, como la reina del Adriático, y como ella también poderosa, rica e independiente, antes de que vinieran las huestes castellanas con el Cristo en una mano y la espada en la otra, a conquistar estas comarcas.

El canal de la Viga, que une los dos grandes lagos del Valle de México, atravesando una parte de la ciudad, es en efecto todo lo que nos queda de aquellas grandes y numerosas acequias, donde había jardines flotantes que formaban las calles de la antigua México; esta ciudad, que puede decirse, brotó de en medio de las aguas como la Venus de la fábula, hermosa como ella para reclinarse en las alfombras de esmeralda que le ofrece su fértil campiña. Hubo un tiempo en que todo el Valle de México era un inmenso lago que servía tan solo de espejo á las pasajeras nubes; la industria del hombre y la mano de Dios, conquistaron el terreno poco á poco, y las aguas se retiraron hasta reducirse á esos lagos de Texcoco y de Chalco, quo hoy se miran desde nuestras torres como una cinta de plata al pié de las colinas que forman nuestro horizonte. Bien, es cierto que el lecho de esos lagos está, con muy corta diferencia, casi al nivel de México, y que puede venir un día en que las aguas recobren con ímpetu su antiguo dominio; pero ¿qué importa el peligro á esa multitud que corre ansiosa á gozar? En esta vida que recorremos, ¿no hay siempre un abismo bajo nuestras plantas? ¿No es esta misma inseguridad la que presta un poco de atractivo á nuestros placeres? Y luego, bien pudiera suceder que el arte desecase esos lagos: la agricultura ganaría; ganaría la salubridad pública; pero perderíamos ese paseo tan bello y tan poético.

Porque efectivamente, el paseo de la Viga es muy hermoso, y sin disputa el más animado de la capital: a Bucareli va la gente de tono por costumbre, y a lucir sus ricos trenes; á la Alameda los que buscan la calma, el silencio, la sombra; á la Viga, acude el pueblo, el pueblo amigo del ruido, del movimiento y de las sensaciones.

Mirad ¡el artista, más afortunado que nosotros, ha sabido trazar con su lápiz todo un cuadro de costumbres, que se abraza con una sola mirada; ha escogido el instante de mayor animación y lo ha fijado en su lienzo.

Contemplad con atención esa bellísima litografía, y os parecerá oír el zumbido de la multitud que se agita como un inmenso enjambre de abejas!.... Para describir ese cuadro, nos sería preciso ocupar muchas páginas; habría que hacer la historia de cada grupo, de cada objeto, ¿y no sería este un trabajo inútil cuando ese dibujo rebosa verdad, cuando se comprende y se adivina?

Era una tarde del mes de Abril, porque este paseo tiene su época determinada; comienza el miércoles de ceniza y termina el jueves de la Ascensión del Señor. El cielo estaba limpio y sereno, y el sol al declinar hacia al occidente, bañaba la campiña con sus rayos, que al filtrarse por entre las ramas de las árboles, parecían una lluvia de oro.

De las cinco á las seis de la tarde, el paseo llega á su mayor grado de animación: los coches y la gente de a caballo, recorren la calzada que se extiende á la derecha del canal. Los carruajes siguen una línea; pero los jinetes gozan de toda libertad: allí se admiran los hermosos caballos, llenos de fuego y de brío, que caracolean y se agitan; allí luce la habilidad y fuerza del que los monta, ora vista frac a la inglesa, ora luzca el rico y pintoresco traje del ranchero; pues en México generalmente todos saben montar perfectamente.

La multitud pedestre se agolpa al borde del canal, en donde hay bancas de piedra. Allí se sientan el papá y la mamá con toda la familia; allí se refugian todos los que componen esa clase media vergonzante que no va en coche, ni á caballo, ni quiere mezclarse con el pueblo.

En cuanto á este, su placer, su delirio, es embarcarse, tomar un lugar en alguna de esas inmensas canoas que se deslizan lentamente sobre el agua, al son de la música de cuerda, y estremeciéndose con el movimiento de los que bailan.


El muelle o embarcadero, es un lugar de confusión, una torre de Babel, en donde se mezclan y se confunden los gritos del robusto pulquero, que al lado de sus barriles pregona su vendimia, los del indio que busca pasajeros para su canoa, á dos por medio real, los de los fruteros, los dulceros, los gritos de júbilo de la multitud, las incitadoras armonías del jarabe...

Se acerca una canoa: hombres, mujeres, niños, todos se precipitan, y en menos de un minuto la embarcación está ocupada por una multitud compacta, que no puede ni aun moverse; todos tienen que ir en pié, no hay espacio para que nadie se siente. La canoa, recargada de peso, se hunde hasta los borde, tal parece que va a zozobrar: ¡un movimiento, y se hunde todo!

Se mueve lentamente; la multitud se comprime, hace milagros, rompe la música, pues cada nao está provista de artistas indígenas que tañen el arpa, se escucha el incitante jarabe, y hombres, y mujeres, y niños, comienzan á bailar.

Entonces la canoa parece animarse, antes estaba dormida, perezosa. Ahora se mueve con ligereza y marcha por ese canal, que se extiende á la vista hasta perderse en lontananza. Mil canoas se cruzan, y en todas se canta, en todas se baila; á veces tropiezan, y una de ellas se va á pique; pero el baño que sufren los bailarines, no hace más que redoblar su alegría.

De una canoa á otra se entornan diálogos; la música de la una, hace perder el compás á los bailarines de la otra, y para el espectador que permanece en la orilla, esa armoniosa confusión, ese movimiento incesante, esa alegría expansiva, forman uno de esos cuadros que no se olvidan nunca.

Las canoas navegan así hasta Santa Anita ó Ixtacalco, pequeños, pero pintorescos pueblecillos de indígenas, que se mantienen con el comercio de flores, de legumbres y de patos. Allí se renueva el fandango, se hacen nuevas libaciones, y cuando el sol ha caído, regresan todos más contentos, más animados. Todos vuelven entonces coronados de flores, de las que se cultivan en las chinampas, jardines flotantes, hechos en medio de las aguas á fuerza de industria; y ya entrada la noche, al dispersarse la multitud silenciosa, pues la alegría después de su explosión, causa y deja un vacío en el corazón, lleva hasta el hogar doméstico la guirnalda de amapolas, que es de rigor traer, como un recuerdo del placer pasado....

Florencio M. del Castillo
México y sus Alrededores
1855-1856
Primera parte


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